“El historiador secreto: la vida y tiempos de Samuel Steward, Profesor, Artista del tatuaje y Renegado Sexual” de Justin Spring.
Traducción libre de María de la Paz Díaz
Capítulo 16 “Amos y esclavos”
Mientras comenzaba a explorar la posibilidad de abrir un estudio de tatuajes en París, Steward continuó experimentando con narrativas eróticas basadas en sus experiencias sexuales, que intentaba vagamente publicar en América. Su decisión de dedicarse a la ficción erótica durante el principio de los ‘60 estaba basada en parte en la caída del negocio del tatuaje en Chicago, que le dejaba bastante tiempo libre para escribir; pero también, paradójicamente, en la caída de su deseo sexual. Steward había estado graficando su decaimiento sexual desde 1948, continuamente notando el aumento estable en la “periodicidad” (o tiempo transcurrido) entre “descargos” (u orgasmos) en una base mes-a-mes. Aún siendo más sexualmente activo que muchos, sintió la disminución más profundamente que la mayoría- ya que el sexo era ahora no sólo la actividad central y definitoria de su vida, sino también su forma preferida de escapar de la depresión a la cual estaba temperamentalmente inclinado. Como sus fantasías sobre el sexo permanecían constantes, pareció haber alcanzado, como Casanova en la librería del Castle of Dux, ese momento en la vida cuando el recuerdo creativo se vuelve la más feliz forma posible de engancharse en la actividad que uno ha siempre disfrutado más. Y precisamente, en los años siguientes escribir sobre sexo le daría a su vida nuevo significado, dirección y atención.
Steward escribió un número de ensayos para Der Kreis durante este período también, enviando a Burckhardt informes sustanciales sobre la cambiante escena política y social americana. La más importante de estas piezas, “¿Qué hay de nuevo en Sodoma?”, cuidadosamente evaluaba la legislación histórica promulgada por la legislatura estatal de Illinois en 1962 que había discretamente descriminalizado los actos homosexuales consensuados entre adultos, y concluyó:
La mejor opinión “legal” sobre la nueva ley acerca de de los homosexuales es que si dura seis meses sin intentos de revocarla, será permanente… Mientras tanto, aquí en Chicago… la mayoría de nosotros estamos viviendo sin nuestros perfumes favoritos, evitando las corbatas rojas y lavandas, y en general tratando de permanecer discretos, simples, e inadvertidos. [La actividad homosexual] quizás sea legal ahora [en Illinois] pero nadie puede decir cuánto durará.
Comenzando en enero de 1962, Steward comenzó aún otro proyecto más: ser mentor de Cliff Ingram en el fino arte del tatuaje. Bajo su nuevo nombre de Cliff Raven, Ingram construiría su temprana educación con Steward para volverse el más experto artista del tatuaje en estilo japonés de su generación. Steward encontraba a Ingram completamente encantador, porque era un guapo joven rebosante de entusiasmo, inteligencia, buen humor y malicia sexual. Su presencia en la tienda probaría ser un tiempo brillante para Steward en lo que hubiese sido un invierno lúgubre, ya que Emmy Curtis, quien había estado enferma durante años, estaba ahora hundiéndose en la senilidad. Steward pasó la mayor parte de su invierno y primavera dedicándose a las necesidades de una inválida postrada. Para la primavera ella ya era incapaz de cuidarse a sí misma, y entonces con gran desgano, él arregló su traslado a un asilo de ancianos. Steward había sido un gran amigo de Curtis desde 1938 -compartiendo comidas, mirando películas, y hablando por teléfono casi todos los días. Aunque su relación sexual duró sólo hasta 1949, y aunque lo había exasperado con sus peculiares maneras de solterona, ella era en muchas formas su mejor y más constante amiga, y su tristeza contemplándola caer en la demencia y la parálisis era enorme. Algo de esa tristeza se refleja en una pieza breve que publicó en el invierno en Der Kreis:
La búsqueda de la felicidad del hombre es una cosa febril e incesante. Mientras maduramos, buscamos más frenéticamente que antes -y ya no puede ser encontrada. “Si fuese ahora tan feliz como lo era entonces” decimos, y suspiramos. Pero la verdad es que pocos hombres tienen más en su cuenta que una docena de horas de felicidad -un fragmento aquí y allí fuera del aburrido y hosco rollo de la vida… Cuánto más sería el hombre si se diera cuenta de que un estado de infelicidad o frustración o desespero es la cosa usual, para la mayoría de los hombres todo el tiempo! Las búsquedas frenéticas cesarían, las compulsiones desaparecerían, la persecución nerviosa se suavizaría en una aceptación serena y afirmada.
Después de que ella murió, Steward, que era coejecutor de sus bienes, cerró su apartamento, arregló su funeral, y supervisó la venta de sus posesiones. Durante ese tiempo Wardell Pomeroy le escribió: “Paul [Gebhard] me dice… que estás ahora listo para irte muy pronto [a París] … Antes de que finalmente te vayas sería útil para nosotros asegurar cualquier posibilidad y término, fotos, diarios, calendarios, observaciones, o lo que digas, antes de perderte al mercado común.” Steward contestó que, al contrario, estaba obligado a permanecer en Chicago hasta que los bienes de Curtis hubiesen finalizado su legalización, y agregó: “Debo decir que la realidad del desarraigo proyectado [a París] me pone nervioso cuando pienso seriamente en él; no sé si a mi edad todavía tengo suficiente energía para deshacerme de mi confortable apartamento y realizar el traslado físico [a Europa]... Me sigo preguntando si estaría satisfecho después de llegar allí.”
Una cosa, sin embargo, era segura: Steward tenía que hacer un cambio definitivo, porque tenía pocos amigos verdaderos en Chicago, y tanto su negocio de tatuajes y su vida sexual estaban disminuyendo. Renslow y Orejudos estaban distanciándose, en parte porque su imperio comercial -que ahora incluía dos nuevas revistas, una casa de baños, y un bar- tomaba la mayor parte de su tiempo y su atención. La casa de baños era particularmente innovadora: conocida como El club de salud de Steve, se veía por fuera como un centro de salud y gimnasio, y de esa forma se convirtió en un modelo para una nueva generación de clubes sexuales. Mientras tanto, el nuevo bar, conocido como la Costa Dorada, había probado ser aún más exitoso, ya que era el primer bar en Chicago en proveer específica y abiertamente a hombres interesados en el leather y S/M. Steward estaba bastante contento del éxito comercial de Renslow, pero no tenía gran interés en estas nuevas empresas; si algo le sucedía, era que se sentía excluido de ellas, ya que como un hombre mayor se sentía mucho más cómodo pagando por sexo en privado antes que haciendo cruising -y enfrentando el rechazo constante- en público. Además, como alcohólico en recuperación se sentía incómodo entre bebedores y no le gustaba pasar tiempo en bares.
Él estaba sin embargo intrigado por la transferencia exitosa lograda por Renslow de la dinámica “amo/esclavo” desde la habitación al lugar de trabajo -ya que ahora Renslow “poseía” un gran número de “esclavos”, cada uno de los cuales parecía enteramente contentos de trabajar para él tiempo completo a cambio de sesiones regulares de dominación física, un arreglo de convivencia comunal altamente sexual, y pequeños gastos de dinero. En las décadas siguientes Renslow continuaría desarrollando este “componente esclavo”, con nuevos hombres jóvenes uniéndose regularmente en su deseo de someterse a un poderoso y bien conectado empresario sexualmente dominante. Describiendo esta variedad siempre cambiante de jóvenes como su “familia”, Renslow eventualmente incorporaría sus varios bares, restaurants, clubes de salud, y empresas publicitarias bajo el irónico nombre de Empresas Familiares Renslow.
Mientras el mundo de Renslow había continuado expandiéndose, el de Steward por comparación se había achicado casi a nada. En respuesta a las varias tristezas en su vida personal y a la creciente falta de amigos, podría haber buscado nuevas amistades, pero parece haber elegido no hacerlo. En cambio continuó cultivando el estado de desapego símil-zen que había descrito para Der Kreis en “Desapego: una forma de vida”. Mientras aceptaba la idea del desapego, sin embargo, Steward se encontró en conflicto con ella, ya que su necesidad de variedad y actividad sexual continuaba fascinándolo, empujándolo y distrayéndolo. Reacio a renunciar a la caza de nuevas experiencias, en cambio se enfocó en lo que le parecía un curso de acción más razonable: protegerse a sí mismo de la molestia emocional teniendo sexo exclusivamente con prostitutos. Haciendo esto, Steward racionalizaba que a pesar de su edad avanzada, aún podría satisfacer su deseo de variedad sexual, y al mismo tiempo no arriesgarse al enamoramiento o al rechazo, ya que ese arreglo era “simplemente negocios”. Como más tarde anotó tristemente en sus memorias, había alcanzado un nuevo momento en su historia sexual:
La vida despreocupada del inicio de uno, y la facilidad con que los encuentros románticos habían sido tan descuidada y felizmente hechos - esas cosas se desvanecieron tan lentamente que uno estaba apenas consciente de que estaban disminuyendo. Pero al final se fueron, dejando un tipo de resplandor amargo, un tapiz destelleante de recuerdos dorados, de las que uno de vez en cuando se levantaba con nostalgia y un placer infértil. Sin preguntas: uno tuvo que empezar a comprar, o vivir sin ello….
Steward tuvo algunos reparos sobre pagar por sexo; lo había hecho cuando se sentía de humor, comenzando a finales de los ‘30. Ahora a final de la mediana edad, estaba convencido de que no había nada malo en ello. A su parecer, no había explotación en el intercambio de dinero por sexo cuando las partes involucradas eran hombres adultos consintiendo -particularmente porque los roles de prostituto y cliente eran en ese tiempo definidos de tal manera que la ventaja física, psicológica y monetaria la tenía el prostituto. En este intercambio bien establecido, el prostituto (quien era entendido primariamente como heterosexual) permitía al cliente homosexual que le diera sexo oral. Eso era todo. No había intercambio de afecto, ni variedad, ni reciprocidad. Como resultado, el prostituto mantenía su identidad heterosexual, sostenía su dominación física y emocional sobre el cliente homosexual, y al mismo tiempo se beneficiaba financieramente de lo que era para él una inconsecuente (y básicamente placentera) sensación. Mientras que el prostituto fuese mayor a la edad de consentimiento, no sujeto a coerción, y no expuesto a enfermedades, la transacción era, para la forma de pensar de Steward, beneficiosa para ambas partes -particularmente porque el prostituto hombre, no como su contraparte femenina, era básicamente invisible entre la población general y, si no estaba expuesto, sufría muy poca estigmatización o ninguna duradera de su trabajo.
Steward estaba convencido en su creencia de que los prostitutos y la prostitución eran indispensables para el homosexual mientras envejecía. Después de que el reconocido autor Simon Raven perfiló el mundo del prostituto británico (o “muchacho de renta”) con un artículo en Encuentro titulado “Los muchachos serán muchachos”, Steward respondió en Der Kreis con una encuesta similar de la escena de la prostitución americana titulada “El mercado de toros en América”, una sorprendentemente amarga polémica sosteniendo que el abuso de la sociedad americana hacia los homosexuales se extendía hasta prohibirles que pagasen por sexo con otros hombres -lo que era después de todo necesario para homosexuales viejos como Steward, quien habiendo elegido conscientemente vidas solitarias de variedad sexual, necesitaban pagar por sexo en sus últimos años si iban a obtenerlo de algún modo. Ya que ningún daño era hecho al prostituto, Steward argumentaba, la prohibición de la prostitución masculina era otra forma insensata de opresión a los homosexuales. Su apasionado argumento llegaba a observar que la prostitución era una práctica antigua y mundial:
Ustedes han legislado contra el homosexual, lo han acosado y perseguido, permitido que lo chantajeen con sus leyes y represiones, lo han esterilizado, se han burlado de él, lo han pateado, golpeado -pero no pueden cambiar sus inclinaciones, y las posibilidades son que él no los dejaría si pudiesen. ¿Sorprende entonces que ustedes lo hayan vuelto desafiante, y lo hayan hecho burlarse de sus pretendidas restricciones? Si él quiere comprar el placer de la compañía de un prostituto por una tarde, o diez minutos, ¿cómo pueden detenerlo?
Vaya a las ruinas de Pompeya, querido reformador. Encuentre el camino a la casa de los hermanos Vetti. Páguele al guardia unas pocas liras y pídale que le deje ver la pequeña pintura tapiada en el vestíbulo. Muestra un leal hombre joven, expuesto, parado frente a un par de balanzas y apoyando parte de sí mismo en uno de los platos, mientras en el otro -sobrepasado- hay un recipiente de oro.
… puede alguien en América, por ordenanza de la ciudad o ley del estado, deshacer una tradición mundial que tiene siglos de antigüedad?
Aunque Steward cultivaba su “desapego” contratando prostitutos, seguía volviendo en sus escritos a esas poderosas fantasías de dominación sexual y castigo que había comenzado a describir (en su cuento corto para Lynes, “El motociclista”) casi una década antes. Él siempre había esperado hacer de ese monólogo el primero de una serie, en el estilo de Reigen, la obra de teatro de Schnitzler. Ahora, con pocos proyectos para ocupar su tiempo, volvió a trabajar en la serie, determinado a llevarla a término.
El interés de Steward en las narrativas confesionales tenía largo tiempo -su temprana novela Ángeles en la rama se había movido de persona a persona para crear el retrato de un grupo de jóvenes centrado en la Universidad Estatal de Ohio. Ahora, sin embargo, la técnica era usada no para hacer amables exploraciones del corazón, sino para describir explícitamente una serie de violentos actos sexuales en los que cada “víctima” merece su castigo: Joe es golpeado y esclavizado por solicitar un encuentro homosexual; Mike es chantajeado hacia el servilismo sexual por seducir un joven menor de edad; Steve es linchado por un hombre negro por proponérsele. Sin embargo la colección completa sostiene la observación del investigador sexual C.A.Tripp de que el disfrute de técnicas masoquistas está usualmente limitado a personas que han tenido un entrenamiento social excepcionalmente fuerte en “el sentido de ser amable con todos, o de que el sexo es pecaminoso, o en ambos” -como Steward seguramente había tenido. Al nombrar a la colección completa Ring-around-the-rosy, Steward jugó por un tiempo con publicarla en privado, para luego enviar su única copia a Wardell Pomeroy del Instituto para la investigación sexual, donde el manuscrito permaneció intacto durante la mayor parte del año.
El interés de Steward en los paradigmas ultramasculinos demostrada en el manuscrito -el rudo motociclista, el policía, el gangster, el camionero, y el marino- asocia el trabajo no sólo a la novela de 1947 de Genet Querelle de Brest, sino a un mayor movimiento social que se estaba volviendo cada vez más visible en los ‘60 y ‘70: el movimiento leather. Éste había comenzado durante la segunda guerra mundial, evolucionando desde el fetiche de uniformes. Con su temprana fijación en los marinos y otros hombres en uniforme, y su duradero interés en varias formas de castigo y dominación, Steward había sido captado por el cuero antes de que el movimiento tuviera un nombre.
Steward no era un novato, y como el leather había evolucionado hacia un movimiento social a finales de los ‘50, él había evitado asiduamente sus reuniones, permaneciendo escéptico no sólo a sus emergentes ritos y rituales, sino también a la masculinidad de sus adeptos. Hacia el final de su vida Steward mantendría que era imposible institucionalizar una práctica sexual que estaba, a su parecer, basada en la proposición de hombres rudos, peligrosos, potencialmente violentos de clase trabajadora o criminales. Esta búsqueda y seducción de un ideal auténticamente masculino, primariamente heterosexual y poco civilizado era, en la opinión de Steward, esencialmente una práctica solitaria, y no una que cualquier hombre homosexual pudiese abordar simplemente teniendo sexo con otro homosexual. Para él, la nueva multitud homosexual leather en el bar Costa Dorada de Renslow no era más que un montón de “Maricas en Botas”. Como él dijo sobre la escena leather en Der Kreis:
En primer lugar, lo llamas un “movimiento” sólo estirando el término. Dando por sentado que está todo ritualizado y codificado y “organizado” justo en el momento- pero esa es la parte fingida. Una jerarquía artificial, un ritual, y una práctica han sido superimpuestas sobre una necesidad muy real del espíritu humano [de localizar lo que es auténticamente masculino]... [pero] el asunto completo se ha vuelto un ritual, una cosa de “Diversión y Juegos”, y en esencia no hay diferencia hoy entre un imitador femenino o drag queen o un chico-leather en leather-drag. Ambos se están disfrazando para representar algo que no son…
Es difícil decir en qué punto en tal “movimiento” entra la degeneración, y los elementos paródicos y caricaturescos hacen su primera aparición. Quizás la decadencia comenzó cuando el primer M decidió que él también podía usar cuero como el gran macho S que él admiraba tanto. Entonces se compró una campera de cuero…
El escepticismo de Steward hacia el movimiento leather (y su subyacente convicción de que los hombres homosexuales nunca podrían ser auténticamente masculinos) encontraría más tarde confirmación en una amistad que desarrolló con un hombre leather experimentado de Colorado que pasó por primera vez por la tienda de tatuajes en abril de 1963. Jim Kane “llegó usando pantalones negros y una camisa, una larga corbata roja y una boina roja, y su voz similar a un pájaro era una maravilla de escuchar”. Steward más tarde anotó que este hombre extraordinario eventualmente “desarrollaría una reputación de ser el más grande S[ádico] de San Francisco - o en cualquier precio, uno de los más expertos, con un interesante ‘cuarto de juegos’ lleno de artefactos pequeños y delicados.”
Casi 20 años más joven que Steward, Jim Kane era de hecho un sacerdote católico ordenado que había pasado la mayor parte de sus años profesionales como editor de un periódico diocesano en Boulder, Colorado, mientras mantenía una salvajemente activa vida sexual. A mitad de los ‘60 el S/M era una parte tan significativa de su práctica sexual que en 1968 cofundó el Club de motocicletas Montañeses Rocosos, un club de sexo S/M para hombres que tenían sexo con hombres. Para principios de los ‘70, Kane dejaría Colorado por San Francisco. Allí, sin siquiera dejar el sacerdocio, se establecería como un miembro fundacional y central de la Sociedad de Jano, el grupo nacional más importante de BDSM.
Steward estaba fascinado y espantado por Kane, ya que Steward mismo había sido un católico, y desde que dejara la iglesia había pasado casi veinte años trabajando para varias instituciones académicas católicas. Había conocido a muchos sacerdotes homosexuales durante ese tiempo, pero nunca antes había conocido uno tan descarado sobre su reputación al muy teatral sexo homosexual BDSM. Steward se maravilló repetidamente de la hipocresía escandalosa y completamente sin arrepentimiento de este pequeño y parecido a un pájaro “sacerdote loco” recubierto de cuero que andaba en motocicleta, y que encarnaba su dominante identidad sexual con toda la pompa y la ceremonia de un sacerdote oficiando la misa. “Cómo arregla sus problemas nunca lo sabré”, observó Steward en la ficha de Kane del Archivo de Sementales, que también detalló los treinta y cinco encuentros sexuales entre Steward y Kane entre 1963 y 1971, incluyendo un trío con un albañil y un cuarteto con con dos enfermeros negros del ejército.
El escepticismo de Steward sobre el status autoproclamado de “amo” del Kane parecido a un pájaro, sin embargo, hablaba de su mayor escepticismo sobre las codificadas y ritualizadas formas de actividad sexual que estaban emergiendo en la nueva subcultura leather. Estas prácticas ritualizadas (que incluían varios protocolos para encuentros sociales y sexuales entre hombres leather en público y en privado) eran muy diferentes de los levantes no planeados en la calle de maleantes y rufianes que Steward y tantos otros de su generación habían buscado en las cantinas y los callejones de los ‘30 y los ‘40. Para Steward esta nueva forma “Leather” de negociar un encuentro sexual (esencialmente, ir a un bar leather vestido como “amo” o “esclavo” en búsqueda de un colega homosexual abierto al juego de roles sexual) parecía completamente planeado y no auténtico. Escribiéndole a Paul Gebhard sobre Kane en respuesta a un cuestionario de investigación sexual sobre los cambiantes roles sexuales representados por los hombres homosexuales durante el curso de sus vidas, Steward más tarde observó,
El Sacerdote Loco burlón [ha recientemente] descubierto el S/M… y ahora juega todo el juego -motocicleta, todo cuero, látigos, cadenas, artilugios… - pero todo lo que tienes que hacer es mordisquear su pezón para convertirlo en bruma de verano derritiéndose en la cama y poner su cabeza entre tus [piernas]... Contestar a esta pregunta [sobre los roles sexuales] es como intentar debatir la cuestión teológica del “libre albedrío”; ¿es tu voluntad alguna vez libre? La comunidad, las parejas de uno -todos estos tienen influencia y efecto- en muchos. El rol que he asumido (o roles) han sido asunto de mi propia elección o quizás -mi propio accionar. Pero ninguno de nosotros es completamente “amo de su destino, capitán de su alma”.
Enfrentado a estos nuevos acontecimientos en la clandestinidad sexual americana, Steward sintió más que nunca que el submundo homosexual en el que había vivido tan aventureramente las pasadas tres décadas estaba atravesando un cambio radical, y que como resultado de este cambio, se le estaba volviendo menos propio. Su respuesta sería sumergirse a sí mismo más profundamente en el mundo de su imaginación, y haciendo esto dedicarse como nunca antes a la escritura de ficción.
Anexo:
Pp 288/ cap 15
“Instruir a los prostitutos en la dominación masoquista no era cosa fácil, sin embargo, y Steward se encontró a sí mismo exasperado por el trabajo que mataba el ambiente explicando a cada uno de los jóvenes prostitutos enviados por Renslow cómo quería ser abusado y maltratado. Recordando momentos similares de apatía adolescente de su vida anterior como profesor, Steward mecanografió un “folleto”, que comenzó a entregar a cada prostituto a su llegada, pidiéndole que revise el material cuidadosamente antes de empezar la sesión. El folleto decía:
LO QUE A ESTE M EN PARTICULAR LE GUSTA
1.Por favor recuerda: él es tu esclavo absoluto.
2. Hazlo desvestirte.
3.Ordénale que te saque los zapatos y medias y que bese y lama tus pies.
4. Hazlo lamer tus pelotas.
5.Orina en su boca (un poco, no demasiado; hazlo tragar sosteniendo tu mano sobre su boca y apretando su nariz).
6. Hazlo tragar tu semen (Quizás intente escupirlo).
7. Ponle un collar de perro. Ponle una correa.
8. No es necesario que TÚ acabes cada vez. Hazlo masturbarse frente a ti.
9. Escupe en su cara.
10. Golpéalo en la cara con tu pene duro. Siéntate sobre su pecho.
11. Háblale sucia y agresivamente. Dile sucio chupapijas.
12. Usa medias sucias. Mételas en su boca.
13. Dale unas nalgadas en el trasero con tu cinturón. O usa un látigo si hay.
14. Aprieta sus pezones, u otros puntos sensibles.
15. Hazlo tirarse en al piso, y orina sobre él.
16. NO le pidas que te dé un beso negro (lengua en el trasero). Muchos M tienen miedo de contraer hepatitis o ictericia amarilla de esta forma.
17. Hazlo lamer tus axilas, mientras más sudadas mejor.
18. Si lo deseas, hazlo darte un baño de lengua completo, o haz lo que te dé placer.
19. En general, sé tan rudo con él como quieras serlo.
20. RECUERDA: él es tu esclavo absoluto.”
Glosario:
Hacer cruising: Salir a merodear por las calles en busca de un encuentro sexual casual, sin que haya necesariamente un intercambio de dinero por ello.
Enclosetado: que todavía no ha hecho pública su homosexualidad.
Leather: literalmente, “cuero”. Se refiere al movimiento BDSM.
Leather-drag: estar vestido de cuero, asociándose a la imagen de un “amo” o de un “esclavo” al estilo utilizado en los bares S/M del momento.
Escrachar: traducción elegida para “tattoodling”, una mezcla entre “tatuar” y “garabatear”. En la local jerga actual de los tatuadores, es “rayar”.
Escrachar: traducción elegida para “tattoodling”, una mezcla entre “tatuar” y “garabatear”. En la local jerga actual de los tatuadores, es “rayar”.
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