Desde la experiencia de ser alumna en un momento de la historia donde nos vimos obligados a pasar al modo virtual de la enseñanza y como futura docente, creo que los siguientes puntos son importantes de resaltar, tanto en lo positivo como en lo negativo:
- La virtualidad nos permitió a quienes vivimos lejos de las sedes institucionales reducir nuestro presupuesto de transporte y también exponernos en menor cantidad a situaciones peligrosas y/o de violencia en la calle, lo cual no es un detalle menor considerando que todes estuvimos expuestos a un virus altamente contagioso.
- Aprendimos a relacionarnos con nuestros compañeros desde una solidaridad completamente necesaria ya que muches no teníamos o no tuvimos en algún momento acceso a conexiones estables, por lo que aprendimos a convertir textos a pdf, a zippear archivos, a armar carpetas organizadas en Drive. Nos vimos obligados a utilizar plataformas con las que antes no contábamos, como la del INFOD, para comunicarnos con los docentes y a buscar caminos alternativos también cuando surgía algún problema en dicho espacio. La adaptabilidad se convirtió en una característica indispensable y también la comprensión de las situaciones individuales que requerían ayuda externa para poder completar trabajos y cursadas.
- Se crearon miles de recursos digitales nuevos, tanto desde el grupo docente, desde las instituciones y también desde los alumnos, tales como powerpoints, clases grabadas por Youtube, audios; esto permitió que se ampliara la base del alumnado que puede acceder a dichos materiales si digamos, por ejemplo, tienen algún tipo de deficiencia visual o auditiva.
Todos estos puntos nos llevaron a repensar las herramientas que utilizamos y cómo las utilizamos, especialmente si es real que podemos democratizar el saber y llevarlo donde tiene que llegar e incluso más allá. ¿Es posible que si un alumno de secundaria se encantó con un cuento de Horacio Quiroga, se lo comparta a un amigo, o a sus padres, a través del celular, por un link? ¿No será nuestro trabajo encontrar y seleccionar los materiales para trabajar un concepto específico, ampliando la visión de mundo de nuestros alumnos? ¿No debemos también pensar en las maneras en que hoy en día los alumnos de la escuela media comparten sus intereses y cómo ofrecerles una guía para navegar de forma segura el espacio virtual? Por supuesto que sí. Con la confianza de que el proceso de aprendizaje y la curiosidad conforman la mejor manera de distribuir el capital cultural, entendimos que la docencia es una profesión en la que la actualización es constante y necesaria, tanto para seguir los pasos de la tecnología como de los consumos culturales y sociales de quienes son agentes en las instituciones donde trabajaremos.