martes, 4 de septiembre de 2018

"¿Definiendo los cómics?" - Aaron Meskin


1. Introducción


En un ensayo reciente titulado “¿Qué son los cómics?”, Greg Hayman y Henry John Pratt defienden lo que ellos llaman una definición “narrativa pictórica” de los cómics. Aunque su definición es una mejora sobre las propuestas relacionadas de Will Eisner y Scott McCloud, tanto como de las muy diferentes explicaciones que ofrece David Carrier en su “La estética de los cómics”, continúa siendo insatisfactoria por un número de razones. Más notablemente, Haymann y Pratt ofrecen un recuento ahistórico de los cómics, lo que deja su postulado abierto a contraejemplos verosímiles de la prehistoria de los cómics. Esta falla se encuentra en todos los otros intentos existentes de definir los cómics. Una respuesta obvia a este problema sería incorporar una condición histórica a la definición propuesta. Pero incluso esto quizás no funcione. Haymann y Pratt intentan ofrecer una definición tradicional real de los cómics en términos de condiciones necesariamente independientes y conjuntamente suficientes para la correcta aplicación del término COMIC. Hay razones para pensar que ningún recuento de tal tipo puede ser exitoso. En gran parte de este artículo exploraré varios problemas de la definición de Haymann y Pratt, y luego sugeriré brevemente algunos ejemplos para pensar sobre el medio de los cómics. Una breve inspección de los intentos pasados de definir el medio ayudarán a colocar el recuento de Haymann y Pratt en contexto. Es a esa inspección a la que me abocaré a continuación.



2. Una breve historia de los intentos recientes de definir los cómics

En esta sección discutiré cuatro intentos recientes de proveer una definición de los cómics y sugeriré que todos ellos sufren de dificultades flagrantes. La propuesta de Haymann y Pratt podría, por lo tanto, ser vista como un avance significativo en el proyecto de definición. Sus errores son entonces particularmente reveladores.

En el primer volumen de su exhaustiva historia de las tiras de cómic, David Kunzle propone la siguiente definición de esa categoría: una tira de cómic consiste de “una secuencia de imágenes separadas” con “una preponderancia de la imagen sobre el texto” que aparece (y tenía originalmente la intención de aparecer) en un “medio masivo” y cuenta “una historia que es tanto moral como tópica”. La noción de Kunzle de la secuencia de imágenes parece estar en el camino correcto -algo como esta idea nuclear es central para casi todos las existentes explicaciones de los cómics; sin embargo, las otras partes de su definición son claramente problemáticas. Por ejemplo, mientras que la vasta mayoría de los cómics o tiras son presentados en un medio masivo, parece no haber ninguna razón para pensar que debe ser así. ¿Por qué no un cómic unitario de una sola instancia? Similarmente, podría haber algún sentido en el que es correcto decir que los cómics típicamente implican una preponderancia de la imagen sobre el texto, pero esto no parece una una condición necesaria para el estatus de cómic. Hay, por supuesto, dificultad para determinar qué cuenta como preponderancia, pero Kunzle caracteriza esto en términos de lo que “carga el peso de la narrativa” y lo que es “primario”. ¿A qué equivale “cargar el peso de la narrativa”? Kunzle no es especialmente preciso sobre esto; quizás la idea es que la comprensión de la audiencia sobre la narrativa depende primariamente de un entendimiento de la secuencia de imágenes y no del texto. (Por ejemplo, la narrativa podría no ser entendida sin comprender las imágenes, pero podría ser entendida -al menos en parte- sin comprender el texto.) Si este es el factor relevante, entonces algunas versiones en cómic de clásicos literarios (como la serie de los Clásicos Ilustrados) parecen ser contraejemplos. Aunque estos no son pensados típicamente como cómics especialmente exitosos desde una perspectiva artística, son ampliamente aceptados como cómics. Finalmente, Kunzle ofrece una versión particularmente larga de la condición narrativa; las tiras de cómic no sólo deben contar historias, deben ser historias morales y tópicas. Ahora, Kunzle no quiere decir que los cómics son esencialmente buenos en sentido moral (una visión cuestionada, si bien en muchas maneras diferentes, por ciertas formas de esteticismo, por algunos de los cómics de horror de los ‘50, y por las Biblias de Tijuana), él parece sólo implicar que los cómics tienen “contenido moral” en un sentido amplio. Incluso esto es demasiado exclusivo -algunos cómics simplemente funcionan como herramientas para la instrucción no-moral. Y como discutiré en detalle a continuación, hay buenas razones para pensar que no es posible que no se cumpla la condición narrativa.

Will Eisner deja afuera las condiciones del medio y la narrativa y se enfoca exclusivamente en una versión de la primera condición de Kunzle. Los cómics son, en palabras de Eisner, “arte secuencial”, con lo que él quiere señalar una distintiva “forma de arte o método de expresión.” Pero aunque puede parecer atractivo dejar de lado las condiciones del medio y la narrativa dados los problemas del recuento de Kunzle, la “definición” de Eisner - si tiene realmente la intención de ser una- es demasiado estrecha. Como Scott McCloud señala en su brillante investigación en formato cómic sobre la naturaleza de los mismos, “Entender el cómic: el arte invisible”: el “arte secuencial” no distingue los cómics de la animación o, si vamos al caso, de cualquier otro ejemplo secuencialmente ordenado de arte. Y es un error asumir que todos los cómics son arte -piensen en los cómics instructivos mencionados antes. Los cómics están entre esos medios -como las películas y la fotografía- que pueden ser usados para hacer arte, pero también pueden ser usados de maneras no artísticas. Entonces McCloud sugiere que los cómics son “pictóricas yuxtapuestas y otras imágenes en una secuencia deliberada, con la intención de transmitir información y/o producir una respuesta estética en el espectador.”1 Veremos que el ahistoricismo del recuento de McCloud sugiere que los cómics lleva a que demasiadas cosas se definan como cómics. Pero también puede argumentarse como demasiado restrictivo -ya que parece establecer restricciones inapropiadas sobre qué funciones intencionales pueden tener los creadores de los cómics con respecto a su producto. No deberíamos asumir a priori que el autor o autores de un cómic pretenden ya sea transmitir información o producir una respuesta estética.

Antes de Haymann y Pratt, el único filósofo contemporáneo de arte que escribió sobre los cómics fue David Carrier, cuyo análisis “La estética de los cómics” es aún la única investigación filosófica en tamaño libro del medio. Carrier aboga por tres características esenciales del cómic: “el globo de diálogo, la narrativa cercanamente relacionada, y la escala tamaño libro”. Quizás lo más notablemente problemático sobre el recuento de Carrier es su afirmación de que el globo de diálogo es una característica esencial de cómic. El hecho es que hay una variedad de cómics que no usan el globo de diálogo. Los globos de diálogo son la manera más común en que el diálogo y el pensamiento son representados en la forma, pero también son usadas las leyendas, y hay cómics que evitan el texto por completo. Más razonablemente, los globos de diálogo son lo que Kendall Walton llama una característica “estándar” de los cómics. Su ausencia tiende a impedir que algo caiga en la categoría de cómics pero no garantiza la exclusión de la categoría.

Definiciones previas de los cómics parecen insostenibles. Pero sí parece haber alguna convergencia en la idea propiamente natural de que los cómics están esencialmente compuestos de imágenes o ilustraciones secuenciales. Esto sugiere que cualquier definición debería comenzar aquí. Y eso es precisamente lo que Haymann y Pratt hacen.



3. La definición de los cómics de Haymann y Pratt

Haymann y Pratt proponen la siguiente definición de los cómics: “x es un cómic si x es una secuencia de ilustraciones discretas, yuxtapuestas que incluyen una narrativa, ya sea en su propio derecho o cuando son combinadas con texto.” Examinemos brevemente los componentes de esta definición.

Haymann y Pratt caracterizan los cómics como esencialmente pictóricos y secuenciales. Tal como es sugerido más arriba, ambas condiciones inicialmente parecen ser bastante razonables. Aunque los cómics pueden (pero no necesitan) incluir ilustraciones. Haymann y Pratt también siguen a Kunzle, Eisner, y McCloud al afirmar que los cómics necesariamente implican una secuencia de ilustraciones o imágenes. Mientras esto parece ser una característica distintiva de los cómics que ayuda a distinguirlos de la mayoría de las pinturas y meras ilustraciones, crea un pequeño interrogante sobre qué decir sobre trabajos de un sólo panel comúnmente categorizados como cómics, tales como muchas instancias de The family Circus y The Far Side. Pero hay ciertas respuestas que uno podría hacer al problema de The family Circus. Un defensor de la condición secuencial podría simplemente negar que las historietas de un sólo panel son cómics y buscan disminuir la importancia de la tendencia a pensar sobre ellos de esa manera. Alternativamente, otra defensa podría señalar el hecho de que The Far Side y The family Circus están (al menos en su forma original) publicados secuencialmente -típicamente un panel por día.

Las condiciones pictóricas y secuenciales no son, por sí mismas, suficientes para distinguir los cómics de las formas de arte de las películas y la televisión, entonces Haymann y Pratt siguen a McCloud al invocar una tercera condición -la yuxtaposición- que diferenciará los cómics de la imagen en movimiento. Así es cómo explican su uso del término ‘yuxtaposición’: “En los cómics, las imágenes visuales están diferenciadas, (paradigmáticamente lado-a-lado), y dispuestas de tal manera que podría ser posible verlas todas juntas al mismo tiempo. Entre cada imagen ilustrada hay un espacio perceptible; llamaremos a esto el gutter”2. Ellos enfatizan la naturaleza distintivamente espacial de la yuxtaposición que los cómics exhiben -una característica que distingue a los cómics de las artes de la imagen en movimiento (eso es, las películas y el video), que podría decirse involucran imágenes temporalmente yuxtapuestas.

¿Qué se puede decir entonces de los cuadros sucesivos en un rollo de película? Estos son (al menos típicamente) secuencias espacialmente yuxtapuestas de imágenes pictóricas. Puede argumentarse que las imágenes en los rollos de la mayoría de las películas contemporáneas no abarcan narrativas en sí mismas. Ni, quizás, abarcan narrativas cuando están combinadas con texto -si por ‘texto’ queremos decir texto escrito- ya que es la incorporación de sonido lo que completa la narrativa de tales películas. Sin embargo, hay secuencias de cuadros en rollos de pelìculas de la era del cine mudo que inequívocamente cumplen el criterio de Haymann y Pratt para su status como cómics: muchas de tales secuencias pictóricas abarcan narrativas en sí mismas o en conjunto con texto. Esto parece un resultado problemático, ya que es extremadamente improbable que los encargados de proyección de películas de la primera parte del siglo pasado hicieran uso de cómics cuando proyectaban películas de la era muda. Haymann y Pratt podrían estar intentando responder a esta objeción al excluir imágenes fotográficas del reino de los cómics o (más posiblemente) excluyendo trabajos que consisten enteramente de fotografías. Pero esto aún dejaría como contraejemplos putativos de su informe a los rollos de ciertas películas animadas.

Nótese cuáles características Haymann y Pratt dejan fuera de su definición de cómics: el recurso del medio distintivo como Kunzle, los globos de diálogo a los que recurre Carrier, el estatus de arte, las funciones extra-narrativas tal como McCloud las añade a su definición, y la categoría ontológica. Este es su mérito. La definición no se limita a sí misma a una estrecha percepción de los cómics -está diseñada para tener sentido en la amplia variedad de cómics y en toda la gama de convenciones, propósitos y categorías ontológicas que ellos exhiben.


4. Los cómics y la narrativa

Haymann y Pratt postulan que los cómics son esencialmente narrativos. Al asegurar esto, entran en un aproximado acuerdo con Kunzle y Carrier. Como es mencionado más arriba, Kunzle habla de narrativa “moral y tópica”, y Carrier sostiene que “narrativa cercanamente relacionada” es una característica esencial de los cómics. Pero sólo hay un acuerdo aproximado aquí. Haymann y Pratt no hacen ninguna referencia al tipo de narrativa que los cómics deben incluir, y esto es claramente una mejora sobre aquellos otros recuentos. Aparte de los cómics instruccionales mencionados antes, la condición “moral y tópica” parece falseada por cualquier cómic que se enfoque en temas tradicionales en vez de tópicos. La condición de Carrier es también falseada por las narrativas que se encuentran en cómics (específicamente en los cómics artísticos de las últimas décadas) que no pueden ser caracterizadas como “cercanamente relacionadas”. Mi diagnóstico es que Carrier ha confundido un criterio tendencioso para evaluar cómics con una condición definitoria.

No obstante, Haymann y Pratt acuerdan con Carrier en que la narrativa es un componente esencial de los cómics. ¿Por qué piensan esto? No hay ningún argumento en su ensayo para esta condición: es meramente asumida. ¿Pero por qué es asumida? En primer lugar, casi todos los ejemplos no controversiales de cómics que conocemos son narrativos en su forma. Los cómics de superhéroes, las tiras cómicas que aparecen el los periódicos, los cómics underground de 1960 y 1970, y la “seria” y contemporánea novela gráfica -todos estos son narrativos en su forma. Pero no se entiende en consecuencia que los cómics sean esencialmente narrativos. ¿Qué más impulsa la intuición? Presumiblemente, Haymann y Pratt están también motivados por una necesidad de distinguir a los cómics de otras secuencias de imágenes yuxtapuestas, tales como arreglos de imágenes en galerías de arte, las secuencias de ilustraciones en revistas de cocina y manuales de laboratorio, y colecciones de viñetas unitarias ordenadas por fecha de publicación. Parece haber algo que relaciona y unifica la secuencia de imágenes en un cómic. Es natural asumir que el vínculo unificante es la narración.

Pero es instructivo considerar algunas otras formas de arte que son típicamente narrativas. La vasta mayoría de películas con las que entramos en contacto (por ejemplo, los productos de Hollywood) son narrativas, pero se puede encontrar mucho cine vanguardista no narrativo (tal como las películas de Stan Brakhage, Michael Snow, y los miembros de Fluxus). Y aunque mucha de la literatura con la que entramos en contacto es narrativa en su forma, hay mucha literatura no narrativa también (por ejemplo, muchos haikus). Esto no resuelve el problema respecto de la narrativa y los cómics, pero sí señala el hecho de que otras artes que son predominantemente narrativas no son esencialmente narrativas. Creo que algo similar es verdadero sobre los cómics.

Asimismo, los cómics no narrativos ciertamente parecen ser posibles. Parece fácil imaginar una secuencia de imágenes espacialmente yuxtapuestas que nosotros clasificaríamos como un cómic. Lo que es crucial es que hay una conexión significativa entre los paneles del cómic putativo. Pero esta conexión no necesita ser narrativa -podría ser, por ejemplo, temática o basada en un personaje. O, si estamos dispuestos a conceder la distinción, la conexión podría ser un asunto de materializar la forma de alguna historia no-narrativa. Haymann y Pratt afirman que una virtud de su teoría es que permite que los cómics “empleen estrategias inaccesiblemente vanguardistas”, pero su definición parece impedirles a los artistas que trabajan en el medio de los cómics que utilicen la estrategia vanguardista de producir un trabajo no-narrativo en una forma tradicionalmente narrativa.

Finalmente, parece haber ejemplos existentes de cómics no narrativos. Por ejemplo, algunos de los cómics de Robert Crumb parecen ser no narrativos. Consideremos sus “Comical Comics” y “Cubist Be-Bop Comics”, ambos publicados en R.Crumb’s Carload O’Comics. “Comical Comics”, una secuencia de paneles sólo ocasionalmente relacionados, parece estar específicamente diseñado para repudiar la suposición de que los cómics son narrativos. Esto es posiblemente indicado por el autor en el texto de un número de paneles, tales como “Another breakthrough in comic book history!!” y “This doesn’t make sense!”. “Cubist Be-Bop Comics” también evita la narrativa, pero este no parece ser el punto principal del cómic. Los paneles de la tira están relacionados temáticamente (son sobre jazz) y formalmente (ya que el orden angular y la forma de los paneles es distintiva).

La narración no parece una condición esencial para ser un cómic; sin embargo, bien podría considerarse como una característica estándar de los cómics (como sugerí antes que era el caso con la presencia de los globos de diálogo). Entonces, puede decirse que la narrativa está “entre aquellas características en virtud de las cuales trabajar en esa categoría significa pertenecer a ella”; posiblemente se considere para el estatus de algo como cómic incluso si no es una condición necesaria para ser un cómic. Pero esto plantea un problema sobre otra forma de arte secuencial típicamente narrativo y de secuencia pictórica - los libros de imágenes para niños.



5. Los cómics y los libros de imágenes para niños

Aunque no todos los libros de imágenes para niños son narrativos, muchos de ellos lo son. Por ejemplo, las historias de Eric Carle, tales como The Very Hungry Caterpillar y The Grouchy Ladybug, consisten en “secuencias de imágenes discretas, yuxtapuestas que comprenden una narrativa… cuando están combinadas con texto”. Pero la mayoría de nosotros no contaría estos libros como cómics. ¿Entonces por qué no son contraejemplos de la definición de Haymann y Pratt?

Los cómics son a menudo serializados: la mayoría de los cómics que encontramos son narrativas extendidas que están diseñadas para encontrarse en la misma publicación en entregas diarias, semanales o mensuales. De hecho, un número significativo de novelas gráficas están originalmente presentadas en forma seria (por ejemplo, Maus de Art Spiegelman, Black Hole de Charles Burn y Ghost World de Daniel Clowe). En contraste, la producción de libros de imágenes para niños no está ni cercanamente tan dominado por la serialización -son mayormente historias “unitarias” y hay muchos casos de secuelas adecuadas que no son bien interpretadas como parte de una serie (por ejemplo, los libros Olivia de Ian Falconer). Pero estas generalizaciones no pueden ser cosificadas como criterio para distinguir las dos categorías. Hay muchos cómics no seriales, tanto tiras individuales dibujadas para un número particular de una publicación (como varios trabajos en la sección “Seducción” del Comics Journal Edición 2005) y novelas gráficas de extensión completa -originalmente nombradas como “novelas gráficas originales”- que no fueron previamente serializadas (como Un contrato con Dios, y otras historias de vivienda de Will Eisner y Fun Home: A Family Tragicomic de Alison Bechdel). Entonces la distinción serializado/no serializado no provee las bases para diferenciar los cómics de sus parientes cercanos en el mundo de la literatura para niños.

Un pensamiento inicial podría excluir estos libros de imágenes de la categoría de cómics apelando al hecho de que sus imágenes no parecen estar yuxtapuestas de la manera requerida. Después de todo, los cómics típicamente tienen múltiples paneles en una página. Los libros de imágenes, por otro lado, a menudo no tienen más de una imagen por página, y es bastante común que una imagen ocupe dos páginas consiguientes. Aún más, los “gutters” no se encuentran usualmente en los libros para niños.

Pero no es así como Haymann y Pratt intentan lidiar con el problema. Y con buena razón. El uso de paneles múltiples en una página es claramente una característica contingente de los cómics, y uno puede encontrar ejemplos de cómics que tienen sólo una imagen por página. Así mismo, las imágenes que comprenden el trabajo de Carle pueden ser “expuestas de tal manera que podrían posiblemente ser vistas todas al mismo tiempo” al igual que los cómics habituales. Entonces Haymann y Pratt distinguen los cómics de los “textos meramente ilustrados” apelando a una condición adicional: “la secuencia de imágenes no contribuye meramente a la narrativa -contribuye necesariamente. Sin la secuencia de imágenes, la narrativa de un cómic verdadero no puede ser comprendida.” Esto supuestamente distingue a los cómics de los libros de imágenes tales como Green Eggs and Ham del Dr. Seuss, en el que las imágenes no son necesarias para la comprensión narrativa.

Una preocupación inicial sobre esta condición es que podría ser demasiado restrictiva; esto quiere decir que algunos cómics podrían poseer textos que abarcan narrativa comprensible en sí mismos. De hecho, creo que este es el caso de muchos, sino de la mayoría, de los cómics de American Splendor de Harvey Pekar. Como Robert Crumb escribe en su introducción a la antología de American Splendor: “Hay tan poca acción del estilo de los cómics para que un artista le hunda sus dientes. En gran parte es sólo gente holgazaneando y hablando, o sólo Harvey mismo dirigiéndose a los lectores página tras página”. Los textos de muchos, sino de la mayoría de estos cómics son narrativas comprensibles en su propio derecho. Las secuencias de imágenes no son necesarias para identificarlas como narrativas. Sin embargo, estos parecen para mí caer claramente en la categoría de cómics.

Además, la condición parece demasiado débil (en sentido que no alcanza a excluir alguna literatura para niños paradigmática de la categoría de cómics), ya que uno puede encontrar libros para niños ilustrados en los que las imágenes funcionan necesariamente para la composición de una narrativa completa y coherente. Consideremos el ganador de la Medalla Caldecott de Maurice Sendak, Where the wild thing are (Harper Collins, 1963). La mayor parte de la narrativa del libro es suministrada por el texto, y las imágenes sólo sirven para ilustrar los eventos descritos en ellas. Pero desde el inicio del “wild rumpus” hasta su fin (cuando Max declara “¡Ahora detente!”), no hay ningún tipo de texto. En vez de eso, nos vemos confrontados con una secuencia de tres imágenes de Max y las cosas salvajes bailando, colgándose de los árboles y desfilando. Esta secuencia de eventos es argumentalmente integral a la narrativa, y no puede ser entendida sin las imágenes. Entonces no parece que la narrativa pueda ser totalmente entendida sin las imágenes, por lo tanto, este clásico libro ilustrado para niños no parece ser excluido del rango de los cómics por el informe de Haymann y Pratt.

Necesitamos ser claros aquí. No hay una buena razón para pensar que un libro para niños (o de hecho, cualquier trabajo de la literatura para niños) no pueda ser también un cómic -un solo trabajo puede caer en las dos categorías. De hecho, una reciente inmersión en la revista para niños Ladybug me ha convencido de que el uso de cómics es abundante en la publicidad para niños. La serie Little Lit de Spiegelman/Mouly ciertamente muestra que los cómics son un medio natural en el que la literatura para niños puede ser producida. Mi punto es que la propuesta de Haymann y Pratt deja entrar demasiado como se presenta -un libro ilustrado de historias para niños no debería contar como un cómic meramente en virtud del hecho de que sus imágenes sean esenciales para comprender su narrativa.



6. Los cómics y la historia

La definición de cómic de Haymann y Pratt es ahistórica. En esto, están de acuerdo con Kunzle, Eisner, McCloud y Carrier, quienes también evitan cualquier elemento histórico en sus definiciones propuestas. Pero este es un vacío importante, ya que abre estos informes a toda una variedad de contraejemplos. Dicho de manera simple, las narrativas pictóricas espacialmente yuxtapuestas existían mucho antes del nacimiento de los cómics en el siglo diecinueve y cualquier definición que las caracterice como cómics es culpable de anacronismo artístico.

Consideremos por ejemplo, las secuencias narrativas de imágenes producidas por Hogarth y otros pintores en el siglo dieciocho, el tapiz de Bayeaux, y los manuscritos de imágenes precolombinos de México del siglo once. Todos estos parecen cumplir las condiciones detalladas por Haymann y Pratt, pero me parece perverso llamarles cómics. Por supuesto, la perversión de un hombre es la práctica ordinaria de otro, y McCloud explícitamente defiende los casos antes mencionados como cómics hechos antes del siglo diecinueve.

¿Pero por qué pensar que estos son ejemplos de cómics? “No todo es posible todo el tiempo” escribió Heinrich Wölfflin, y Arthur C.Danto ha convertido esta frase en un pilar de su filosofía del arte. Es un punto importante. Nada podría haber contado como jazz en el siglo diecisiete, y cualquier teoría que implique que hubo una instancia de jazz hace 350 años o más sería anacrónica. Pensemos cómo la incorporación del tapiz de Bayeaux en la categoría de cómic reformaría nuestra apreciación por él. “¿Dónde están los globos de diálogo?”, podríamos sentirnos inclinados a preguntar. “¡Qué radical bordar un cómic!”. Entiendo que estas serían distorsiones. Uno puede construir categorías que son temporalmente neutras: por ejemplo, la definición de Haymann y Pratt de los cómics, o una definición de jazz que se enfoque puramente en las propiedades del sonido. La opinión de Morris Weitz de que siempre es posible “cerrar” los subconceptos del arte debido a propósitos especiales es instructiva aquí. Pero no es convincente que estas sean categorías que la gente ordinaria, los artistas trabajando en el medio, o los críticos de arte realmente usen. Aunque los cómics son una categoría artística interesante, la categoría de la narrativa pictórica espacialmente yuxtapuesta no parece ser de interés para la historia o la crítica del arte.

Por supuesto, puede haber usos prácticos y retóricos (“propósitos especiales”) para apelar a tales categorías ahistóricas. Aquellos interesados en los cómics sufren de una suerte de inseguridad estética. Los cómics no han sido tomados seriamente como arte a través de gran parte de los últimos ciento cincuenta años, y los interesados en el medio parecen sentir la necesidad de ofrecer una disculpa por su interés. Se me ocurre que la verdadera función de construir una categoría artística cerrada y ahistórica a la que la mayoría de los cómics pertenezcan es establecer una historia sustituta3 para los cómics- una que podría legitimar su lugar en el mundo del arte. Después de todo, si los cómics/narrativas pictóricas espacialmente yuxtapuestas han estado aquí durante siglos (como McCloud argumenta, y a lo que Haymann y Pratt parecen estar comprometidos), ¡entonces quizás deberían ser tomadas seriamente como arte! Entiendo que este es el propósito especial para construir la categoría ahistórica de la narrativa pictórica. Quizás esa sea una razón para hacer uso de ese concepto, pero una vez que somos claros sobre esto, creo que sentiremos menos presión para pensar que los cómics son sólo narrativas pictóricas espacialmente yuxtapuestas.
Haymann y Pratt han ofrecido, en su propia declaración, un informe “formal” de los cómics. El problema que enfrentan es un problema que siempre ha enfrentado al formalismo -su falla para tener en cuenta los contextos históricos en los que las obras de arte son producidas.



7. Algunas preocupaciones más

Antes sugerí que la condición pictórica es plausible. Es plausible, pero no es obvio que es verdad. Nuevamente, es instructivo considerar el arte de la cinematografía, que también es comúnmente pensado como una forma esencialmente pictórica. Aunque la vasta mayoría de las películas son pictóricas por naturaleza, hay un número de películas que uno podría resistirse a caracterizar como pictóricas. Consideremos So Is This de Michael Snow (1982), por ejemplo, que consiste en una secuencia de palabras y oraciones exhibidas. Uno podría sentirse tentado a llamar a esto una secuencia de imágenes de palabras y otras unidades lingüísticas, pero también podría ser considerada una secuencia de imágenes proyectadas no pictóricas. Así, puede decirse que las imágenes en esa película presentan palabras en vez de representarlas. Otros posibles (aunque tendenciosos) contraejemplos a la afirmación de que las películas son esencialmente pictóricas pueden encontrarse entre las películas que utilizan imágenes abstractas, tal como los trabajos de Hans Richter y Stan Brakhage.

¿Puede haber cómics no pictóricos? Si puede haber películas no pictóricas, entonces tenemos razones para pensarlo. Ya que las películas nos proveen un ejemplo verídico de una forma de arte que es típicamente pictórica pero no esencialmente pictórica. Y nuevamente, no es difícil imaginar un cómic no pictórico (quizás compuesto de una secuencia de imágenes no representativas junto con texto de algún formato). La historieta de Gary Larson llamada “Ghost Newspapers”, que muestra un espectro con lentes leyendo las tiras cómicas de la última página, ofrece una visión posible de los cómics no pictóricos, ya que las tiras cómicas presentadas están en blanco excepto por globos de diálogo y leyendas.

¿Deben ser secuenciales los cómics? La preocupación estándar sobre la condición secuencial surge de la consideración de las historietas de un único panel. Ya he mencionado algunas maneras en las que un defensor de la condición secuencial puede manejar esto. Técnicamente hablando, las secuencias están esencialmente ordenadas y pueden ser entendidas como funciones de los números naturales a la serie. La secuencia [1,2,3] no es idéntica a la secuencia [2,3,1]. Ya que no es para nada obvio que todos los cómics deben estar esencialmente ordenados, la condición secuencial es cuestionable. Varios casos imaginados y el ejemplo de algunos webcomics sugieren que la condición secuencial podría abandonarse.

Finalmente, podemos hacer una pregunta sobre la condición de yuxtaposición. ¿Deben los cómics estar espacialmente yuxtapuestos? ¿Qué hay de los cómics con marcos con hipervínculos? McCloud explícitamente quiere excluir a estos de la categoría de cómics, pero este movimiento parece estar impulsado por su compromiso previo con la condición de yuxtaposición espacial. Es más viable que estos experimentos sean exploraciones vanguardistas del medio de los cómics en vez de una nueva y distinta forma de arte.



8. Los cómics y la definición

Haymann y Pratt siguen a Kunzle, Eisner, McCloud y Carrier al intentar proveer una definición de cómic. He presentado numerosos contraejemplos a sus informes, pero quizás los problemas que yo planteo pueden ser manejados con un tipo de definición muy diferente. Incluso el problema más serio -la naturaleza ahistórica de sus propuestas- pareciera resolverse simplemente construyendo una condición histórica en sus informes. Por ejemplo, uno podría tratar de desarrollar una definición de los cómics cercana a la línea de la definición intencionalmente histórica del arte de Jerrold Levinson. Quizás algo sea un cómic sólo en caso de estar pensado con el objetivo de ser un cómic (o algo cercano a eso). Presumiblemente el tapiz de Bayeaux y esos problemáticos manuscritos precolombinos no tenían esa intención. Hay alternativas al acercamiento intencional-histórico que podrían resolver el problema del ahistoricismo que atormenta a todos los intentos anteriores de definir los cómics. Quizás un recuento procedimental, como una versión del informe institucional de George Dickie podría cumplir con eso. ¿Podría ser que un objeto es un cómic si -y sólo si- es un artefacto creado para ser presentado a un público particular del mundo del arte (a saber, el público de los cómics)? Dudo que cualquier informe lo cumpla, pero en vez de investigar la posibilidad de tales informes quiero hacer algunas preguntas sobre la misma búsqueda de la definición. ¿Por qué continuar intentando definir los comics? ¿Por qué no simplemente renunciar a la tarea de tratar de proveer una definición tradicional de COMIC, lo que trabajos recientes sobre la naturaleza de los conceptos sugiere que puede ser irrealizable? ¿Para qué necesitamos una definición de los cómics en primer lugar?

Quizás estemos interesados en tener un método para identificar los cómics. Hay casos complejos, y quizás tengamos un interés en categorizar correctamente. Una definición ayudaría, pero si la identificación es la meta principal, no necesitamos exigirla. Un acercamiento narrativo histórico modelado en el informe narrativo histórico de la identificación del arte de Carrol podría funcionar para nosotros. O quizás identifiquemos usando criterios, como Berys Gaut ha argumentado es el caso al respecto de la categoría de arte. Sospecho que podemos, lo hacemos y deberíamos usar una variedad de métodos para identificar tanto el arte en general como el cómic en particular. La definición no parece necesaria.

Podríamos también estar interesados en un informe sobre cómo evaluar e interpretar cómics. Desentrañar la definición de los cómics puede parecer crucial para estos proyectos. Carrier es explícito sobre esta suposición en el caso evaluativo: “Una evaluación no reductiva de la tira de cómic requiere identificar su esencia, y por lo tanto entender de una manera positiva cómo difiere de otras formas de arte visual y verbal”. Él no es menos explícito sobre el caso interpretativo: “para interpretar un arte, necesitamos conocer su esencia, sus cualidades definitorias”. Sin embargo, es difícil ver porqué (en general o en este caso específico) la definición es requerida para la evaluación o la interpretación. Quizás si los COMICS fuesen un concepto funcional -o tuviesen una esencia funcional- la evaluación de un cómic como un cómic requeriría algún entendimiento de esa esencia. Pero ninguna razón ha sido presentada para pensar que ese es el caso; de hecho, las argumentos previos sugieren que no lo es. Asimismo, el hecho de que la evaluación y la interpretación garantizadas de una pieza de arte requieren conocimiento del tipo de cosa que es, no implica que el conocimiento de la esencia sea también requerido. Pero sin un argumento serio para las afirmaciones de Carrier, la posibilidad de la evaluación y la interpretación garantizadas sin entendimiento de una definición permanece viva. Es claro que ni la evaluación ni la interpretación de otros medios artísticos como la música y la pintura han alguna vez esperado una definición.

Supongamos en beneficio del argumento que las formas de arte de la música y la pintura pueden ser definidas. Si es así, es eminentemente verosímil que nadie estaba en una posición epistémica apropiada para hacerlo antes del siglo veinte, ya que es sólo con la producción de trabajos modernistas y vanguardistas que hemos llegado a ver qué es esencial y no esencial para esas formas de arte. Pero seguramente había críticos que estaban en posición de evaluar e interpretar las pinturas como pinturas y la música como música antes del siglo veinte. La posición de Carrier tendría la aún más irrazonable consecuencia de que no podríamos nunca evaluar apropiadamente o interpretar trabajos que pertenezcan a esas formas de arte. Sugiero que la situación al respecto de los cómics es análoga a la de la pintura y la música. Una definición parece innecesaria para una evaluación e interpretación apropiadas.

Además es notable que los argumentos ofrecidos antes sugieren que si una definición de los cómics fuese posible, probablemente tomaría una forma procedimental o histórica. Estas formas de definición típicamente ofrecen poca ayuda al evaluar o interpretar cómics. Entonces parece improbable que una definición de los cómics -incluso si estuviese próxima- fuese de mucha ayuda para darnos una guía crítica e interpretativa.

¿Qué se requiere entonces para la evaluación e interpretación de los cómics como cómics? Para enfocarse en la evaluación, sugeriría que lo que necesitamos es algún entendimiento de los varios estilos, técnicas y propósitos encontrados en tal forma de arte, tanto como un amplio entendimiento sobre cómo evaluar la variedad de elementos que son típicamente (pero no necesariamente) usados en ella, tales como la narrativa, el dibujo, el diálogo, y el coloreado. Las virtudes de los jueces de la verdad de Hume pueden ser de ayuda. Pero no veo razón para pensar que el conocimiento de una definición de los cómics (o incluso algunas de sus características esenciales) sea requisito, y sospecho que la historia sobre qué necesitamos para interpretar cómics no será muy diferente.

Finalmente, podríamos estar interesados en determinar el estándar, contra-estándar, y características variables del arte de los cómics, ya que podría ser crucial para nuestros propósitos críticos que sepamos qué esperar -y qué no esperar- del arte de los cómics. Una definición real de los cómics quizás nos dé algunas características estándar. Quizás indicaría qué características son también variables y contra-estándar. Pero las características estándar no tienen porqué ser características necesarias de las obras de arte, por lo que una definición no parece ser precisada. De hecho, las características necesarias no son las más relevantes de las características estándar -estamos típicamente más interesados en características cuya ausencia tiende a impedir que un trabajo caiga en esa categoría, no en las que son requeridas para la pertenencia a la categoría. Lo que necesitamos en un estudio minucioso del medio, no condiciones necesarias y suficientes.



9. Conclusión

Las definiciones existentes de los cómics son insatisfactorias por un número de razones. Su mayor falta es su error al encargarse de la especificidad histórica del medio de los cómics. Aunque los acercamientos históricos o procedimentales podrían arreglar este problema, hay una posibilidad muy real de que el proyecto de definición esté mal orientado. Asimismo, no hay ninguna necesidad urgente de elaborar una definición. El arte de los cómics, que comenzó en medio del siglo diecinueve y se desarrolló mayormente a partir de la caricatura del siglo dieciocho y diecinueve y de las revistas de humor británico de mitad del siglo diecinueve como Punch, puede y debe ser entendido en sus propios términos y en referencia a su propia historia. Establecer la existencia de la narrativa pictórica artística previa al siglo diecinueve parece ofrecer una manera de establecer el estatus de arte de los cómics, pero los cómics se han ganado el derecho de ser considerados arte por sus propios méritos. Trabajos como Krazy Kat de George Harriman, Maus de Art Spiegelman, Jimmy Corrigan: The Smartest Kid on Earth (Nueva York, Pantheon: 2000) de Chris Ware, y la obra de Crumb proveen evidencia incontrovertible de la posibilidad artística de la forma. La retórica anacrónica es innecesaria. Deberíamos abocarnos a la tarea de pensar seriamente en los cómics como arte. Vayamos más allá del proyecto de definición.



Aaron Meskin
Departamento de Filosofía

Universidad de Leeds

A.Meskin@leeds.ac.uk





Notas al pie
1.McCloud usa el término “viewer”, que literalmente se traduce como espectador, no lector, para hacer énfasis en el uso de imágenes que realiza el cómic.

2.En España se traduce como “calle” o “canal”; como ninguna traducción nos agrada lo dejamos así.

3.La palabra que usa el autor es “ersatz”: un sustituto inferior o una imitación de mala calidad.



Traducción de María Paz Díaz- pachidiaz5@gmail.com
Agradezco la colaboración de Bruno Percivale - https://hablemosdehistorietas.wordpress.com/