La rebelión de Stonewall: La ira de la multitud se enciende
Lavender & Red, parte 66
Por Leslie Feinberg
Traduce: Pazchi Díaz
Publicado el 15 de junio de 2006
Actos de resistencia, algunos de ellos virtualmente simultáneos, presagiaron la rebelión mientras lxs prisionerxs estaban siendo cargadxs en la camioneta policial y los autos de la comisaría fuera del bar Stonewall la noche del 28 de Junio de 1969. Muchos de los siguientes, preciados testimonios de primera mano de los combatientes de Stonewall están compilados en libros sobre la rebelión por David Carter y Martin Duberman.
Un número de testimonios sobre la confrontación entre policías y la multitud fuera del bar Stonewall señalan la lucha prolongada entre la policía y una lesbiana butch travestida como un punto de inflexión. De acuerdo al periodista Howard Smith, de La Voz del Barrio, “Fue en ese momento que la escena se volvió explosiva.”
Smith escribió que la multitud bramaba: “¡Brutalidad policial! ¡Cerdos!”
Gino, un trabajador de construcción puertorriqueño, uniéndose a los gritos de “¡Suéltenla! ¡Déjenla sola!”, según se informa removió un adoquín suelto y lo lanzó a través de la calle Christopher. El testigo ocular Steve Yates recuerda que “cayó en el baúl de un patrullero con con terrible chirrido, ‘espantando’ a un policía que estaba parado al lado del auto.”
De acuerdo al empleado del Stonewall Harry Beard, una o más personas de la multitud pudieron cortas las cuatro llantas del patrullero con la prisionera lesbiana butch dentro.
Raymond “Ray” Castro, un panadero puertorriqueño, recordó cómo él se resistió a su propio arresto. “En ese momento comencé a forcejear y terminé con dos policías de civil empujándome. Lo próximo que sé es que hay dos policías de civil y dos policías uniformados en el tumulto. Fui tirado al suelo por uno de sus bastonazos, [que,] dado entre mis piernas, me hizo tropezar. En ese punto me pusieron las esposas, y ellxs tenían una camioneta [policial] justo frente a la entrada del Stonewall. Cuando me empujaron hacia la puerta de la camioneta [policial], tenía dos policías a cada lado. Realmente no entré voluntariamente en la camioneta [policial]. No quería ser arrestado. A pesar de que estaba esposado, salté y [puse] un pie en el lado derecho de la puerta y un pie a la izquierda de la puerta. Reboté como haciendo un salto e hice fuerza hacia atrás, tirando a lxs policías al piso, casi contra la pared del Stonewall. Bien, al final me arrastraron hacia dentro del camión [policial].”
Tom, un participante, recordó a Ray luchando contra el arresto. “Un par más fueron arrojadxs dentro de la camioneta. Nos unimos a algunxs que querían asaltar la camioneta, liberar a quienes estaban dentro, y luego voltear la camioneta. Pero nadie estaba aún preparado para ese tipo de acción. Luego hubo un enfrentamiento en la puerta. Un sujeto se negaba a que lo metieran en la camioneta. Cinco o seis policías custodiando la camioneta trataron de reducirlo con poco éxito. Varios sujetos trataron de ayudar a liberarlo. Sin vigilancia, tres o cuatro de lxs que estaban en la camioneta salieron y luego rápidamente desaparecieron en la multitud. Esto era lo que todxs necesitaban.”
Mientras la policía apresuradamente trataba de cargar otrxs prisionerxs en el camión policía, unx participante de 18 años vio “una pierna en cancanes luciendo un zapato de taco salir disparada desde la parte trasera del camión [policial] hacia el pecho de un policía, tirándolo hacia atrás. Otra queen abrió entonces la puerta del costado del camión y saltó hacia afuera. Lxs policías la persiguieron y la atraparon, pero Blond Frankie [que trabajaba en la puerta del Stonewall] rápidamente logró organizar otro escape desde el auto; varias queens lograron salir exitosamente con él y fueron tragadas por la multitud.” (“Stonewall”, Duberman)
Michael Fader informó ver a lxs policías “dejando la camioneta sin vigilancia- las puertas estaban abiertas, entonces ellxs se fueron. Eso elevó el nivel emocional, la excitación de ellxs escapándose.”
La turba multinacional de cientxs de personas agrupada alrededor de la policía estaba formada por aquellxs suficientemente valientes y enojados con la opresión como para ser atraídxs hacia una confrontación con la policía. La combatiente de Stonewall Sylvia Rivera resaltó un punto muy importante sobre la rebelión que siguió. Rivera era una joven transgénero venezolana y puertorriqueña que había vivido sin hogar en las calles de Manhattan desde que tenía 10 años de edad. Antes de su muerte, ella remarcó el rol de la juventud callejera gay/trans sin hogar en la rebelión -Negrx, Latin@ y blancx, y desafiante del género - que no podía pagar el cargo de admisión en la puerta del Stonewall o los caros tragos diluidos con agua. El pequeño parque urbano frente al bar era su hogar. (Entrevista personal, 1997)
Rivera enfatizó que en el momento en que se encendió la rebelión, “Fue la gente gay de la calle del barrio en el frente - gente sin hogar que vivía en el parque en Sheridan Square frente al bar- y luego las drag queens detrás de ellxs y todxs detrás de nosotrxs”. (“Liberación: Más allá del Rosa o el Azul”, Feinberg)
Danny Garvin describió cómo la policía intentó empujar a aquellxs reunidos a su alrededor. Esto le permitió a la multitud hacer un importante descubrimiento: una gran pila de ladrillos nuevos en un sitio en construcción en la Séptima Avenida Sur. Garvin explicó, “Ellxs venían hacia nosotrxs con bastones, teníamos que dispersar hacia la Séptima Avenida, donde la gente pudo ver los ladrillos.” El inspector adjunto Seymour Pine, que lideró la redada, ordenó a la policía partir rápidamente con lxs prisionerxs en la camioneta policial y tres patrulleros y “dejarlxs en el Sexto Precinto y regresar deprisa.”
La gente en la multitud alrededor de la camioneta policial comenzó a golpear en sus costados, demandando saber los nombres de quienes estaban aprisionadxs dentro. De acuerdo al reportero Lucian Truscott de la Voz , “Surgió un clamor para volcar la camioneta [policial], pero se alejó antes de que algo pudiera suceder.”
Las llantas cortadas de uno o más de los vehículos ralentizaron la salida de la policía. De acuerdo a los testimonios compilados por David Carter: “La multitud, sin embargo, ya no podía ser intimidada sólo por sirenas y la caravana tuvo que avanzar lentamente a través de lxs manifestantes furiosos, quienes, iracundxs, golpeaban los vehículos policiales. Danny Garvin recuerda el ruido como “si la gente hubiese atropellado y tomado el camión [policial], y comenzara a sacudirlo -ba-boom! Ba-boom!!”
Martin Duberman informó, “Una queen aplastó a un oficial con su taco, lo tiró al piso, tomó las llaves de sus esposas, se liberó, y le pasó las llaves a otra queen detrás de ella.” El inspector Pine se quedó con ocho detectives de civil y un policía uniformado, todxs rodeados por una multitud enfurecida. Aquellxs entre los cientos que rodearon a la policía lanzaron su preciado cambio en monedas en una dura granizada, gritando, “¡Policías corruptxs!” y “¡Aquí está su paga!”
Ellxs le arrojaron a la policía botellas, latas, ladrillos, una boca de incendio dañada, y excremento de perro. Un joven llamado Timmy presuntamente lanzó un tarro de basura de alambre, que hizo trizas la ventana de vidrio del Stonewall, que fue reforzada con madera enchapada.
Gritos de “¡Poder Gay!” y “¡Vamos a atraparlxs!” articularon la detonación de la ira de la multitud.
No había ningún lugar hacia donde la policía pudiese retirarse excepto hacia dentro del Stonewall -el mismo bar que ellxs habían asaltado.
25 Junio 2017/ Estas columnas forman parte de una serie de traducciones colectivas y colaborativas entre distintos activistas traductor*s para honrar un nuevo aniversario de las revueltas de Stonewall.
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