Modernity at large
Dimensiones culturales de la globalización
Parte 1: Flujos globales.
Capítulo 2: Disyunción1 y diferencia en la economía cultural global
Toma sólo el más mínimo conocimiento de los hechos del mundo moderno notar que ahora es un sistema interactivo en un sentido que es sorprendentemente nuevo. Historiadores y sociólogos, especialmente aquellos preocupados por los procesos translocales (Hodgson, 1974) y los sistemas mundiales asociados con el capitalismo (Abu-Lughod 1989; Braudel 1981-84; Curtin 1984; Wallerstein 1974; Wolf 1982), fueron por largo tiempo conscientes de que el mundo ha sido un conglomerado de interacciones a gran escala por muchos siglos. Sin embargo el mundo de hoy involucra interacciones de un nuevo orden e intensidad. Las transacciones culturales entre grupos sociales en el pasado han sido restringidas, a veces por los hechos de la geografía y la ecología, y otras veces por la resistencia activa a la interacciones con el Otro (como en China durante gran parte de su historia y en Japón antes de la Restauración Meiji). Aunque han habido transacciones culturales constantes a lo largo de grandes partes del globo, ellas han usualmente involucrado el viaje a larga distancia de productos (y de los mercaderes más preocupados por ellos) y de viajeros y exploradores de cada tipo (Helms 1988; Schafer 1963). Las dos fuerzas principales de la interacción cultural constante antes de este siglo han sido las guerras (y los sistemas políticos a gran escala a veces generados por ellas) y las religiones de conversión, que han tomado a veces, como en el caso del Islam, la guerra como uno de los elementos legítimos de su expansión. Por lo tanto, entre viajeros y mercaderes, peregrinos y conquistadores, el mundo ha visto mucho tráfico cultural a larga distancia (y por largo tiempo). Esto parece evidente.
Pero pocos negarán que dados los problemas de tiempo, distancia y tecnologías limitadas para el dominio de recursos a lo largo de espacios vastos, negociaciones culturales entre grupos separados social y espacialmente han sido, hasta los pocos siglos pasados, superadas a grandes costos y sostenidas en el tiempo sólo con gran esfuerzo. Las fuerzas de la gravedad cultural parecieran siempre apartarse de la formación de poblaciones2 a gran escala, ya sean religiosas, comerciales, o políticas, hacia acumulaciones de menor escala de intimidad e interés.
En algún punto de los pocos siglos pasados, la naturaleza de este campo gravitacional parece haber cambiado. En parte debido al espíritu de expansión de los intereses marítimos occidentales después del 1500, y en parte debido a los desarrollos relativamente autónomos de formaciones sociales grandes y agresivas en las Américas (tales como los Aztecas y los Incas), en Eurasia (tal como los Mongoles y sus descendientes, los Mogoles y Otomanos), en las islas del sudeste de Asia (tales como los Bugineses, y en los reinos de África precolonial (tal como Dahomey), un conjunto superpuesto de poblaciones comenzó a surgir, en los que los conglomerados de dinero, comercio, conquista y migración empezaron a crear lazos durables entre sociedades. Este proceso fue acelerado por las transferencias e innovaciones de tecnología de fines del siglo dieciocho y diecinueve. (e.g., Bayly 1989), que crearon órdenes coloniales complejos centrados en capitales Europeas y propagados a través del mundo no-europeo. Este intrincado y superpuesto conjunto de mundos Eurocoloniales (a principio españoles y portugueses, luego principalmente ingleses, franceses y neerlandeses) sentaron las bases para un tráfico permanente de ideas de identidad3 e individualidad4, que crearon las comunidades imaginadas (Anderson 1983) de los recientes nacionalismos a través del mundo.
Con lo que Benedict Anderson ha llamado “capitalismo de impresión”5, un nuevo poder fue desatado en el mundo, el poder del alfabetismo masivo y su consiguiente producción a gran escala de proyectos de afinidad étnica que estaban extraordinariamente libres de la necesidad de comunicación cara-a-cara o incluso de comunicación indirecta entre personas y grupos. El acto de leer cosas juntos estableció el escenario para los movimientos basados en una paradoja -la paradoja del primordialismo construído. Hay, por supuesto, otro gran acuerdo que está involucrado en la historia del colonialismo y sus dialécticamente generados nacionalismos (Chatterjee 1986), pero el asunto de las etnicidades construidas es de seguro una línea crucial en este cuento.
En algún punto de los pocos siglos pasados, la naturaleza de este campo gravitacional parece haber cambiado. En parte debido al espíritu de expansión de los intereses marítimos occidentales después del 1500, y en parte debido a los desarrollos relativamente autónomos de formaciones sociales grandes y agresivas en las Américas (tales como los Aztecas y los Incas), en Eurasia (tal como los Mongoles y sus descendientes, los Mogoles y Otomanos), en las islas del sudeste de Asia (tales como los Bugineses, y en los reinos de África precolonial (tal como Dahomey), un conjunto superpuesto de poblaciones comenzó a surgir, en los que los conglomerados de dinero, comercio, conquista y migración empezaron a crear lazos durables entre sociedades. Este proceso fue acelerado por las transferencias e innovaciones de tecnología de fines del siglo dieciocho y diecinueve. (e.g., Bayly 1989), que crearon órdenes coloniales complejos centrados en capitales Europeas y propagados a través del mundo no-europeo. Este intrincado y superpuesto conjunto de mundos Eurocoloniales (a principio españoles y portugueses, luego principalmente ingleses, franceses y neerlandeses) sentaron las bases para un tráfico permanente de ideas de identidad3 e individualidad4, que crearon las comunidades imaginadas (Anderson 1983) de los recientes nacionalismos a través del mundo.
Con lo que Benedict Anderson ha llamado “capitalismo de impresión”5, un nuevo poder fue desatado en el mundo, el poder del alfabetismo masivo y su consiguiente producción a gran escala de proyectos de afinidad étnica que estaban extraordinariamente libres de la necesidad de comunicación cara-a-cara o incluso de comunicación indirecta entre personas y grupos. El acto de leer cosas juntos estableció el escenario para los movimientos basados en una paradoja -la paradoja del primordialismo construído. Hay, por supuesto, otro gran acuerdo que está involucrado en la historia del colonialismo y sus dialécticamente generados nacionalismos (Chatterjee 1986), pero el asunto de las etnicidades construidas es de seguro una línea crucial en este cuento.
Pero la revolución del capitalismo de impresión y las afinidades culturales y diálogos desencadenados por él eran sólo modestos precursores del mundo en que vivimos ahora. Ya que en el siglo pasado, ha habido una explosión tecnológica, mayormente en el dominio de los transportes y la información, que hace a las interacciones de un mundo dominado por la impresión parecer difícilmente ganado y tan fácilmente borrado como la revolución impresa hizo aparecer formas anteriores de tráfico cultural. Ya que con el advenimiento del buque a vapor, el automóvil, el avión, la cámara, la computadora, y el teléfono, hemos entrado en una completamente nueva condición de vecindad6, incluso con aquellos más distantes a nosotros. Marshall McLuhan, entre otros, buscó teorizar sobre este mundo como una “villa global”, pero teorías como la de McLuhan parecen haber sobreestimado las implicancias comunitarias del nuevo orden mediático (McLuhan y Powers 1989). Nosotros ahora somos conscientes de que con los medios de comunicación, cada vez que somos tentados a hablar de la villa global, nos deben recordar que los medios crean comunidades con “ningún sentido del lugar” (Meyrowitz 1985). El mundo en el que vivimos ahora parece rizomático (Deleuze y Guattari 1987), incluso esquizofrénico, exigiendo teorías del desarraigo, la alienación, y la distancia psicológica entre individuos y grupos por un lado, y las fantasías (o pesadillas) de proximidad electrónica del otro. Aquí, estamos cerca de la problemática central de los procesos culturales en el mundo de hoy.
Por lo tanto, la curiosidad que recientemente llevó a Pico Iyer hacia Asia (1988) es en algunas maneras el producto de una confusión entre una inefable McDonaldización y la mucho más sutil representación de trayectorias indígenas de deseo y miedo con los flujos globales de gente y cosas. De hecho, las propias impresiones de Iyer son testimonio del hecho de que, si un sistema cultural global está emergiendo, está lleno de ironías y resistencias, a veces camufladas como pasividad y un apetito infinito en el mundo asiático por las cosas occidentales.
El propio informe de Iyer de la misteriosa afinidad filipina por la música popular americana es un rico testimonio de la cultural global de lo hiper-real, ya que de alguna manera las interpretaciones filipinas de canciones populares americanas son tanto más difundidas en las Filipinas, y más inquietantemente fieles a sus originales, de lo que son hoy en Estados Unidos. Una nación entera parece haber aprendido a imitar a Kenny Rogers y las hermanas Lennon, como un vasto coro de Motown7 asiático. Pero la americanización es ciertamente un término pálido para aplicarse a tal situación, ya que no sólo hay más filipinos cantando interpretaciones perfectas de algunas canciones americanas (a menudo del pasado americano) que americanos haciéndolo, y también está, por supuesto, el hecho de que el resto de sus vidas no está en completa sincronía con el mundo referencial que dió a luz por primera vez a estas canciones.
En un giro globalizador posterior en lo que Fredric Jameson ha recientemente llamado “nostalgia del presente” (1989), estos filipinos miran hacia atrás a un mundo que nunca perdieron. Esta es una de las ironías centrales de las políticas de los flujos globales culturales, especialmente en el ruedo del entretenimiento y el ocio. Interfiere negativamente con la hegemonía de la Eurocronología. La nostalgia americana se alimenta del deseo filipino representado como una reproducción hiper-competente. Aquí, tenemos nostalgia sin memoria. La paradoja, por supuesto, tiene explicaciones, y son históricas; reveladas, ellas ponen en evidencia la historia de la evangelización y la violación política de las Filipinas, de la que uno de sus resultados ha sido la creación de una nación de americanos simulados8, que toleraron durante tanto tiempo una primera dama que tocaba el piano mientras los suburbios de Manila se expandían y deterioraban. Quizás los postmodernistas más radicales argumenten que esto es difícilmente sorpresivo porque en las cronicidades peculiares del capitalismo tardío, el pastiche y la nostalgia son modos centrales de producción y recepción de la imagen. Los mismos americanos están difícilmente en el presente mientras tropiezan en las mega-tecnologías del siglo 21 ataviados en los escenarios del cine negro de la relajación9 de los años sesenta, las cenas de los cincuenta, la ropa de los cuarenta, las casas de los treinta, los bailes de los veinte, y así sucesivamente hasta el infinito.
En lo que a Estados Unidos se refiere, uno podría sugerir que el asunto ya no es relativo a la nostalgia sino a un imaginario social construido mayormente alrededor de las repeticiones10. Jameson fue atrevido al enlazar la política de la nostalgia con la sensibilidad postmoderna a los bienes, y seguramente estaba en lo correcto (1983). Las guerras de la droga en Colombia recapitulan el sudor tropical de Vietnam, con Ollie North y su sucesión de máscaras -Jimmy Stewart escondiendo a John Wayne escondiendo a Spiro Agnew y todos ellos transformándose11 en Sylvester Stallone, quien gana en Afganistán- y en consecuencia llenando simultáneamente la envidia secreta americana del imperialismo soviético y la repetición (esta vez con un final feliz) de la Guerra de Vietnam. Los Rolling Stones, acercándose a sus cincuenta años, giran delante de jóvenes de dieciocho años que no parecen necesitar que la maquinaria de la nostalgia sobre los héroes de sus padres les sea vendida. Paul McCartney está vendiendo los Beatles a una nueva audiencia al amarrar su nostalgia oblicua a su deseo de lo nuevo que involucra lo viejo. Dragnet volvió a los drags de los noventas, y también Adam-12, y ni hablar de Batman y Misión imposible, todos ataviados tecnológicamente pero notablemente fieles a las atmósferas de sus originales.
El pasado no es ahora una tierra a la que volver en una simple política de recuerdo. Se ha vuelto un depósito sincrónico de escenarios culturales, un tipo de reparto12 central temporal, del que los recursos pueden ser tomados como adecuados, dependiendo de la película a ser hecha, la escena a ser actuada, los rehenes a ser rescatados. Todo esto es lo que se espera13, si sigues a Jean Baudrillard o Jean-Francois Lyotard a un mundo de signos totalmente desamarrado14 de sus significantes sociales (todo el mundo es una Disneylandia). Pero me gustaría sugerir que la aparente sustituibilidad en aumento de períodos y posturas completos por otros, en el estilo cultural del capitalismo avanzado, está atado a fuerzas globales más grandes, que han hecho tanto para mostrar a los americanos que el pasado está usualmente en otro país. Si tu presente es su futuro (como en tanta de la teoría de la modernización y en muchas fantasías turísticas auto-satisfactorias), y su futuro es tu pasado (como en el caso de los filipinos virtuosos de la música popular americana), entonces tu propio pasado puede ser simulado simplemente como una modalidad normalizada de tu presente. En consecuencia, aunque algunos antropólogos podrían continuar relegando sus Otros a espacios temporales que no ocupan ellos mismos (Fabian 1983), las producciones culturales postindustriales han entrado en una fase post-nostálgica.
El punto crucial, sin embargo, es que los Estados Unidos ya no son el titiritero de un sistema mundial de imágenes sino que es sólo un nodo de una compleja construcción transnacional de paisajes imaginarios. El mundo en que vivimos hoy está caracterizado por un nuevo rol para la imaginación en la vida social. Para comprender este nuevo rol, necesitamos unir la vieja idea de las imágenes, especialmente de las imágenes producidas mecánicamente (en el sentido de la Escuela de Frankfurt); la idea de la comunidad imaginada (en el sentido de Anderson); y la idea francesa del imaginario (imaginaire) como un paisaje construido de aspiraciones colectivas, que no es ni más ni menos que la representación colectiva de Emile Durkheim, ahora mediada a través del complejo prisma de los medios de comunicación modernos.
La imagen, lo imaginado, el imaginario -estos son todos términos que nos dirigen hacia algo crítico y nuevo en los procesos globales culturales: la imaginación como una práctica social. Ya no más la mera fantasía (el opio de las masas cuyo trabajo real está en otro lado), ya no más un simple escape (de un mundo definido principalmente por propósitos y estructuras más concretos), ya no más un pasatiempo de élite (y por lo tanto no relevante para las vidas de gente ordinaria), y ya no más mera contemplación (irrelevante para las nuevas formas de deseo y subjetividad), la imaginación se ha convertido en un campo organizado de prácticas sociales, una forma de trabajo (en el sentido tanto de trabajo como práctica culturalmente organizada), y una forma de negociación entre sitios de agencia15 (individuos) y campos de posibilidades globalmente definidos. Este desencadenamiento de la imaginación enlaza el juego del pastiche (en algunos contextos) con el terror y la coerción de los estados y sus competidores. La imaginación es ahora central para todas las formas de agencia, es en sí misma un hecho social, y es el componente clave para el nuevo orden global. Pero para hacer significativa esta afirmación, debemos abordar algunos otros asuntos.
Homogeneización y Heterogeneización
El problema central de las interacciones actuales globales es la tensión entre la homogeneización cultural y la heterogeneización cultural. Un vasto conjunto de hechos empíricos podría ser llevado a relacionarse16 con el lado del argumento homogeneizante, y mucho de él ha venido desde el lado izquierdo del espectro de los estudios mediáticos (Hamelink 1983; Mattelart 1983; Schiller 1976), y algunos desde otras perspectivas (Gans 1985; Iyer 1988). Más a menudo, el argumento homogeneizante se subdivide17 en un argumento sobre la americanización o un argumento sobre la mercantilización. Lo que estos argumentos fallan en considerar es que al menos tan rápidamente como las fuerzas de varias metrópolis son traídas hacia nuevas sociedades tienden a volverse indigenizadas18 de una u otra forma: esto es verdad tanto en la música y estilos arquitectónicos como en la ciencia y el terrorismo, los espectáculos y las constituciones. Las dinámicas de tal indigenización recientemente han comenzado a ser exploradas sistemáticamente (Barber 1987; Feld 1988; Hannerz 1987, 1989; Ivy 1988; Nicoll 1989; Yoshimoto 1989), y mucho más debe ser hecho. Pero vale la pena notar que para la gente de Irian Jaya, la indonesiación puede ser más preocupante que la americanización, como la japanización lo puede ser para los coreanos, la indianización para los habitantes de Sri Lanka, la vietnamización para los cambodianos, y la rusianización para la gente de Armenia Soviética y las repúblicas Bálticas. Semejante lista de miedos alternativos a la americanización podría ser enormemente expandida, pero no es un inventario sin forma: para entidades políticas de menor escala, siempre existe el miedo de la absorción cultural por entidades políticas de mayor escala, especialmente aquellas que están cerca. La comunidad imaginada de un hombre es la prisión política de otro hombre.
Esta dinámica escalar, que ha difundido manifestaciones globales, está también atada a la relación entre naciones y estados, a las que retornaré más adelante. Por el momento notemos que la simplificación de estas numerosas fuerzas (y miedos) de homogeneización también puede ser explotado por naciones-estado en relación a sus propias minorías, al hacer pasar la mercantilización global (o el capitalismo, u otro enemigo externo tal) como más real que la amenaza de sus propias estrategias hegemónicas.
La nueva economía cultural global debe ser vista como un orden complejo, superpuesto y disyuntivo que ya no puede ser comprendido en términos de modelos centro-periféricos existentes (incluso aquellos que podrían dar cuenta de múltiples centros y periferias). Tampoco es susceptible a simples modelos de tire y empuje (en términos de teoría de la migración), o de excedentes y déficits (como en los modelos tradicionales de balanza comercial19), o de consumidores y productores (como en mayoría de las teorías neo-Marxistas del desarrollo). Incluso las más complejas y flexibles teorías del desarrollo global que han salido de la tradición marxista (Amin 1980; Mandel 1978; Wallerstein 1974; Wolf 1982) son inadecuadamente extravagantes y han fallado al llegar a término con lo que Scott Lash y John Urry han llamado el capitalismo desorganizado (1987). La complejidad de la actual economía global tiene que ver con ciertas disyunciones fundamentales entre la economía, la cultura, y la política que sólo hemos comenzado a teorizar.
Yo propongo que un marco elemental para explorar tales disyunciones consiste en mirar la relación entre cinco dimensiones de flujos culturales globales que pueden ser llamados (a)ethnoscapes (b)mediascapes (c)technoscapes (d)financescapes y (e)ideoscapes20. El sufijo -scape nos permite apuntar al fluido, las formas irregulares de estos paisajes, formas que caracterizan el capital internacional tan profundamente como lo hacen los estilos de vestimenta internacionales. Estos términos con el sufijo común -scape también indican que éstas no son relaciones objetivamente dadas, que se ven iguales desde cada ángulo sino que son constructos de perspectiva profunda, flexionados por la ubicación histórica, lingüística y política de diferentes tipos de actores: naciones-estado, multinacionales, comunidades en diáspora tanto como agrupamientos subnacionales y movimientos (ya sean religiosos, políticos, o económicos) e incluso grupos íntimos cara-a-cara, tales como villas, barrios, y familias. De hecho, el actor individual es el último locus21 de este conjunto en perspectiva de paisajes, ya que estos paisajes son eventualmente navegados por agentes que tanto experiencian como constituyen formaciones más grandes, en parte debido a su propio sentido de qué ofrecen estos paisajes.
Estos paisajes por lo tanto son los bloques de construcción de lo que (ampliando a Benedict Anderson) me gustaría llamar mundos imaginados, eso es, los mundos múltiples que están constituidos por las imaginaciones situadas históricamente de personas y grupos dispersos alrededor del globo (cap.1). Un hecho importante del mundo en que vivimos hoy es que muchas personas en el globo viven en tales mundos imaginados (y no sólo en comunidades imaginadas) y por lo tanto pueden disputar y a veces incluso subvertir los mundos imaginados de la mente oficial y de la mentalidad empresarial que los rodea.
Por ethnoscape, quiero decir el paisaje de personas que constituyen el mundo cambiante en que vivimos: turistas, inmigrantes, refugiados, exiliados, trabajadores invitados, y otros grupos e individuos en movimiento constituyen una característica esencial del mundo y parecen afectar las políticas de (y entre) naciones en un grado hasta el momento sin precedentes. Esto no quiere decir que no hay comunidades relativamente estables y redes de parentesco, amistad, trabajo y ocio, tanto como de nacimiento, residencia, y otras formas filiales. Pero sí es decir que la deformación de estas estabilidades contiene notablemente por todos lados22 la trama del movimiento humano, mientras más personas y grupos lidian con las realidades de tener que moverse o las fantasías de querer moverse. Además, tanto estas realidades como fantasías ahora funcionan a gran escala, mientras hombres y mujeres de villas en la India piensan no sólo en mudarse a Poona o a Madras sino en mudarse a Dubai y a Houston, y los refugiados de Sri Lanka se encuentran en el sur de India tanto como en Suiza, como los Hmong son llevados hacia Londres tanto como a Filadelfia. Y mientras las capitales internacionales cambian sus necesidades, mientras la producción y la tecnología generan diferentes necesidades, estos grupos en movimiento nunca pueden permitirse el dejar descansar a sus imaginaciones, incluso aunque lo deseen.
Por ethnoscape, quiero decir la configuración global, también siempre fluida, de tecnología y el hecho de que la tecnología, tanto alta como baja, tanto mecánica como informativa, ahora se mueve a grandes velocidades a lo largo de varios tipos de límites anteriormente impenetrables. Muchos países son ahora las raíces de las empresas internacionales: un enorme complejo del acero en Libia puede involucrar intereses de la India, China, Rusia, y Japón, proveyendo diferentes componentes de nuevas configuraciones tecnológicas. La extraña distribución de las tecnologías, y por lo tanto las peculiaridades de estos technoscapes, son cada vez más impulsados no por cualquier economía obvia de escala, de control político, o de racionalidad de mercado sino por crecientes relaciones complejas entre flujos de dinero, posibilidades políticas, y la disponibilidad de trabajo tanto bajo como altamente capacitado. Entonces, mientras India exporta mozos y choferes hacia Dubai y Sharjah, también exporta ingenieros de software hacia los Estados Unidos -contratados como aprendices brevemente en Tata-Burroughs o el Banco Mundial, y luego blanqueados23 a través del Departamento de Estado para volverse aliens24 residentes ricos, que son a su turno objetos de mensajes seductores para invertir su dinero y su conocimiento25 en proyectos federales y estatales en India.
La economía global aún puede ser descrita en términos de indicadores tradicionales (como el banco Mundial continúa haciendo) y estudiada en términos de comparaciones tradicionales (como en el Proyecto Link en la Universidad de Pennsylvania), pero los complicados technoscapes (y los cambiantes ethnoscapes) que subyacen a estos indicadores y comparaciones están muy por fuera del alcance de la reina de las ciencias sociales como nunca antes. ¿Cómo puede uno hacer una comparación significativa de los salarios en Japón y en Estados Unidos o de los costos inmobiliarios en Nueva York y Tokio, sin tomar en sofisticada consideración los muy complejos flujos fiscales y de inversiones que enlazan las dos economías a través de una red global de especulación monetaria y transferencia de capitales?
Por tanto es útil hablar también de financescapes, ya que la disposición de capital global es ahora un más misterioso, rápido, y dificultoso paisaje para seguir más que nunca, mientras los mercados monetarios, intercambios nacionales de acciones26, y especulaciones mercantiles mueven mega-dinero27 a través de torniquetes nacionales a una velocidad deslumbrante, con implicaciones vastas y absolutas para las pequeñas diferencias en puntos de porcentaje y unidades de tiempo. Pero el punto crítico es que la relación global entre ethnoscapes, technoscapes y financescapes es profundamente disyuntiva y plenamente impredecible debido a que cada uno de estos paisajes está sujeto a sus propias limitaciones e incentivos (algunos políticos, algunos informacionales, y algunos tecnoambientales), al mismo tiempo que cada uno actúa como un límite y un parámetro para los movimientos de los otros. Por lo tanto, incluso un modelo elemental de la economía política global debe considerar las relaciones sumamente disyuntivas entre el movimiento humano, el flujo tecnológico, y las transferencias financieras.
Al refractar aún más lejos estas disyunciones (que difícilmente forman una infraestructura simple, global mecánica de cualquier modo) están lo que yo llamo mediascapes e ideoscapes, que son paisajes de imágenes cercanamente relacionados. Los mediascapes se refieren tanto a la distribución de las capacidades electrónicas de producir y diseminar información (periódicos, revistas, estaciones de televisión y estudios de producción de películas), que ahora están disponibles para un creciente número de intereses públicos y privados a través del mundo, y para las imágenes del mundo creadas por esos medios. Estas imágenes involucran muchas inflexiones complicadas, dependiendo de su modo (documental o entretenimiento), su hardware (electrónico o pre-electrónico), sus audiencias (locales, nacionales o transnacionales), y los intereses de aquellos que las poseen y las controlan. Lo que es más importante de estos paisajes es que ellos proveen (especialmente en formato televisivo, fílmico y de cassette) repertorios grandes y complejos de imágenes, narrativas, y ethnoscapes para los espectadores alrededor del mundo, en las que el mundo de los bienes y el mundo de las noticias y la política están profundamente mezclados. Lo que esto significa es que muchas audiencias alrededor del mundo experimentan los medios ellos mismos como un repertorio complicado e interconectado de impresiones, celuloide, pantallas electrónicas, y carteleras publicitarias. Las líneas entre los paisajes realistas y ficcionales que ellos ven están borrosas, para que mientras más lejos estén estas audiencias de las experiencias directas de la vida metropolitana, más propensos sean a construir mundos imaginados que son quiméricos, estéticos, incluso objetos fantásticos, particularmente si fueron evaluados por el criterio de otra perspectiva, algún otro mundo imaginado.
Al refractar aún más lejos estas disyunciones (que difícilmente forman una infraestructura simple, global mecánica de cualquier modo) están lo que yo llamo mediascapes e ideoscapes, que son paisajes de imágenes cercanamente relacionados. Los mediascapes se refieren tanto a la distribución de las capacidades electrónicas de producir y diseminar información (periódicos, revistas, estaciones de televisión y estudios de producción de películas), que ahora están disponibles para un creciente número de intereses públicos y privados a través del mundo, y para las imágenes del mundo creadas por esos medios. Estas imágenes involucran muchas inflexiones complicadas, dependiendo de su modo (documental o entretenimiento), su hardware (electrónico o pre-electrónico), sus audiencias (locales, nacionales o transnacionales), y los intereses de aquellos que las poseen y las controlan. Lo que es más importante de estos paisajes es que ellos proveen (especialmente en formato televisivo, fílmico y de cassette) repertorios grandes y complejos de imágenes, narrativas, y ethnoscapes para los espectadores alrededor del mundo, en las que el mundo de los bienes y el mundo de las noticias y la política están profundamente mezclados. Lo que esto significa es que muchas audiencias alrededor del mundo experimentan los medios ellos mismos como un repertorio complicado e interconectado de impresiones, celuloide, pantallas electrónicas, y carteleras publicitarias. Las líneas entre los paisajes realistas y ficcionales que ellos ven están borrosas, para que mientras más lejos estén estas audiencias de las experiencias directas de la vida metropolitana, más propensos sean a construir mundos imaginados que son quiméricos, estéticos, incluso objetos fantásticos, particularmente si fueron evaluados por el criterio de otra perspectiva, algún otro mundo imaginado.
Los mediascapes, ya sean producidos por intereses privados o estatales, tienden a ser relatos28 de tiras de realidad centrados en la imagen, basados en la narrativa, y lo que ellos ofrecen a aquellos que los experimentan y transforman es una serie de elementos (tales como personajes,tramas, y formas textuales) a partir de los cuales los guiones pueden ser formados por vidas imaginadas, tanto las propias así como las de otros viviendo en otros lugares. Estos guiones pueden ser y son desglosados en complejos conjuntos de metáforas por las que la gente vive (Lakoff y Johnson 1980) mientras ayudan a constituir narrativas del Otro y proto-narrativas de vidas posibles, fantasías que podrían volverse prolegómeno del deseo de adquisición y movimiento.
Los ideoscapes son también concatenaciones de imágenes, pero son a menudo directamente políticos y frecuentemente tienen que ver con las ideologías de los estados y las contra-ideologías de movimientos explícitamente orientados a capturar el poder estatal o un pedazo de él. Estos ideoscapes están compuestos de elementos de la visión del mundo de la Ilustración, que consiste en una cadena de ideas, términos, e imágenes, incluyendo libertad, bienestar, derechos, soberanía, representación, y el término maestro democracia. La narrativa maestra de la Ilustración (y sus muchas variantes en Bretaña, Francia y los Estados Unidos) fue construída con una cierta lógica interna y presuponía una cierta relación entre la lectura, la representación, y la esfera pública. (Para las dinámicas de este proceso en la historia temprana de los Estados Unidos, véase Warner 1990). Pero la diáspora de estos términos alrededor del mundo, especialmente desde el siglo diecinueve, ha aflojado la coherencia interna que los sostenía juntos en una narrativa maestra Euro-Americana y proveía en su lugar un sinóptico29 holgadamente estructurado de políticas, en el que diferentes naciones-estado, como parte de su evolución, han organizado sus culturas políticas alrededor de diferentes palabras clave (e.g., Williams 1976).
Como resultado de la diáspora diferencial de estas palabras clave, las narrativas políticas que gobiernan la comunicación entre las élites y los seguidores en diferentes partes del mundo involucran problemas de naturaleza tanto semántica como pragmática: la semántica en la medida en que las palabras (y sus equivalentes léxicos) requieren una cuidadosa traducción de contexto en contexto en sus movimientos globales, y la pragmática en la medida en que el uso de estas palabras por actores políticos y sus audiencias pueden estar sujetas a muy diferentes conjuntos de convenciones contextuales que median su traducción hacia políticas públicas. Tales convenciones no son sólo asuntos de la naturaleza de la retórica política: por ejemplo, ¿qué quieren decir los avejentados mandatarios chinos cuando hacen referencia a los peligros del hooliganismo30? ¿Qué quieren decir los mandatarios de Corea del Sur cuando hablan de disciplina como la clave para el crecimiento industrial democrático?
Estas convenciones también involucran la mucho más sutil pregunta sobre qué conjuntos de géneros comunicativos son valorados de qué manera (los periódicos versus el cine, por ejemplo) y qué tipos de convenciones de género pragmático gobiernan las lecturas colectivas de diferentes tipos de texto. Entonces, mientras una audiencia india puede estar atenta a las resonancias del discurso político en términos de algunas palabras clave y frases evocadoras del cine Hindú, una audiencia Coreana puede responder a los códigos sutiles de retórica budista o neo-confuciana encriptada en un documento político. La misma relación desde leer hacia escuchar y mirar puede variar de formas importantes que determinan la morfología de estos ideoscapes diferentes mientras se moldean a sí mismos en diferentes contextos nacionales y transnacionales. Esta sinestesia globalmente variable ha sido difícilmente notada, pero requiere análisis urgente. En consecuencia, democracia se ha convertido en un término maestro, con ecos poderosos desde Haití hasta Polonia hasta la anterior Unión Soviética y China, pero se sitúa en el centro de una variedad de ideoscapes, compuestos por distintivas configuraciones pragmáticas de traducciones aproximadas31 de otros términos centrales del vocabulario de la Iluminación. Esto crea caleidoscopios terminológicos siempre nuevos, mientras los estados (y los grupos que buscan capturarlos) buscan pacificar a las poblaciones cuyos propios ethnoscapes están en movimiento y cuyos mediascapes pueden crear severos problemas para los ideoscapes en los que están presentados. La fluidez de los ideoscapes es complicada en particular por las crecientes diásporas (tanto voluntarias e involuntarias) de intelectuales que continuamente inyectan nuevos flujos de significado en el discurso de la democracia en diferentes partes del mundo.
Esta extensa discusión terminológica de los cinco términos que he acuñado sientan las bases para una formulación tentativa sobre las condiciones bajo las cuales los flujos globales actuales ocurren: ellos ocurren en y a través de las crecientes disyunciones entre ethnoscapes, technoscapes, financescapes, mediascapes, e ideoscapes. Esta formulación, el núcleo de mi modelo de flujo cultural global, requiere algo de explicación. En primer lugar, la gente, la maquinaria, el dinero, las imágenes, y las ideas ahora siguen caminos crecientemente nonisomórficos32; por supuesto, en todos los períodos de la historia humana, ha habido algunas disyunciones en los flujos de estas cosas, pero la tremenda33 velocidad, escala, y volumen de cada uno de estos flujos es ahora tan enorme que las disyunciones se han vuelto centrales para las políticas de la cultural global. Los japoneses son notoriamente hospitalarios con las ideas y son estereotipados como personas inclinadas a exportar (todo) e importar (algunos) bienes, pero también son notoriamente cerrados a la inmigración, como los suizos, los suecos, y los sauditas. Sin embargo los suizos y los sauditas aceptan poblaciones de trabajadores invitados, por lo tanto crean diásporas laborales de turcos, italianos y otros grupos que circundan el Mediterráneo. Algunos de dichos grupos de trabajadores invitados mantienen continuo contacto con sus naciones nativas, como los turcos, pero otros, como los migrantes de alto nivel del sur de Asia, tienden a desear vidas en sus nuevos hogares, despertando nuevamente el problema de la reproducción en un contexto desterritorializado.
La desterritorialización, en general, es una de las fuerzas centrales del mundo moderno debido a que trae poblaciones de trabajadores hacia los sectores de clase baja y espacios de sociedades relativamente adineradas, aunque a veces crea sentidos exagerados e intensificados de crítica o apego hacia la política en el estado nativo. La desterritorialización, ya sea de hindúes, sikhs, palestinos, o ucranianos, está ahora en el centro de una variedad de fundamentalismos globales, incluyendo el fundamentalismo hindú e islámico. En el caso hindú, por ejemplo, es claro que el movimiento de ultramar de indios ha sido explotado por una variedad de intereses tanto dentro como fuera de India para crear una complicada red de finanzas e identificaciones religiosas, por las cuales el problema de la reproducción cultural para los hindúes en el exterior se ha atado a las políticas del fundamentalismo hindú en el hogar34.
Al mismo tiempo, la desterritorialización crea nuevos mercados para las compañías fílmicas, empresarios de arte y agencias de viaje, que prosperan gracias a la necesidad de la población desterritorializada de contacto con su tierra natal. Naturalmente, éstos inventaron las tierras natales, que constituyen los mediascapes de los grupos desterritorializados, que pueden a menudo volverse lo suficientemente fantásticas y unilaterales que proveen el material para nuevos ideoscapes en los que los conflictos étnicos pueden comenzar a surgir. La creación de Khalistan, una tierra natal inventada de la población Sikh desterritorializada de Inglaterra, Canadá, y los Estados Unidos, es un ejemplo del potencial sangriento en tales mediascapes mientras ellos interactúan con los colonialismos internos de las naciones-estado (e.g., Hetcher 1975). El Banco del Oeste, Namibia y Eritrea son otros teatros para la representación35 de la negociación sangrienta entre naciones-estado existentes y varios agrupamientos desterritorializados.
Al mismo tiempo, la desterritorialización crea nuevos mercados para las compañías fílmicas, empresarios de arte y agencias de viaje, que prosperan gracias a la necesidad de la población desterritorializada de contacto con su tierra natal. Naturalmente, éstos inventaron las tierras natales, que constituyen los mediascapes de los grupos desterritorializados, que pueden a menudo volverse lo suficientemente fantásticas y unilaterales que proveen el material para nuevos ideoscapes en los que los conflictos étnicos pueden comenzar a surgir. La creación de Khalistan, una tierra natal inventada de la población Sikh desterritorializada de Inglaterra, Canadá, y los Estados Unidos, es un ejemplo del potencial sangriento en tales mediascapes mientras ellos interactúan con los colonialismos internos de las naciones-estado (e.g., Hetcher 1975). El Banco del Oeste, Namibia y Eritrea son otros teatros para la representación35 de la negociación sangrienta entre naciones-estado existentes y varios agrupamientos desterritorializados.
Es en esta tierra fértil de desterritorialización, en la que el dinero, los bienes, y las personas están involucradas persiguiéndose unas a otras sin descanso alrededor del mundo, que los mediascapes y los ideoscapes del mundo moderno encuentran su contraparte fracturada y fragmentada. Ya que las ideas y las imágenes producidas por los medios masivos son a menudo guías parciales hacia los bienes y experiencias que las poblaciones desterritorializadas se transfieren unas a otras. En el brillante film de Mira Nair India Cabaret, vemos los múltiples bucles36 de esta desterritorialización fracturada mientras mujeres jóvenes, apenas competentes en el falso brillo metropolitano de Bombay, vienen a buscar sus fortunas como bailarinas de cabaret y prostitutas en Bombay, entreteniendo hombres en clubes con formatos de danza derivados enteramente de las lascivas secuencias de baile de las películas hindúes. Estas escenas a su turno alimentan ideas sobre las mujeres de occidente y extranjeras y su libertinaje, mientras proveen coartadas de carreras vergonzosas para estas mujeres. Algunas de estas mujeres vienen de Kerala, donde los clubes de cabaret y la industria de películas pronográficas han florecido, parcialmente en respuesta a las billeteras y los gustos de los Keralitas vueltos del Medio oriente, donde sus vidas diaspóricas lejos de las mujeres distorsionan su propio sentido de qué podrían ser las relaciones entre hombres y mujeres. Estas tragedias de desplazamiento podrían ciertamente ser re-actuadas en un análisis más detallado de las relaciones entre las excursiones sexuales japonesas y alemanas hacia Tailandia y las tragedias del comercio sexual en Bangkok, y en otros bucles similares que unen fantasías sobre el Otro, las amenidades y seducciones de viajar, la economía del comercio global, y las brutales fantasías de movilidad que dominan las políticas de género en muchas partes de Asia y el ancho mundo.
Aunque mucho más podría ser dicho sobre las políticas culturales de la desterritorialización y la mayor sociología del desplazamiento que (lo) expresa, es apropiado en esta coyuntura introducir el rol de la nación-estado en la economía global disyuntiva de la cultura hoy. La relación entre estados y naciones es en todos lados una relación en conflicto. Es posible decir que en muchas sociedades la nación y el estado se han vuelto uno el proyecto del otro. Eso es, que mientras las naciones (o más apropiadamente grupos con ideas sobre la nacionalidad37) buscan capturar o cooptar estados y poder estatal, los estados simultáneamente buscan capturar y monopolizar ideas sobre la nacionalidad (Baruah 1986; Chatterjee 1986; Nandy 1989a). En general, los movimientos separatistas transnacionales, incluyendo aquellos que han incluido el terror entre sus métodos, ejemplifican naciones en busca de estados. Sikhs, tamiles cingaleses, vascos, moros, quebequeses -cada uno de estos representan comunidades imaginadas que buscan crear estados propios o tallar hacia afuera piezas de estados existentes. Los estados, por otro lado, están en todos lados buscando monopolizar los recursos morales de las comunidades, ya sea rotundamente reivindicando la perfecta contemporaneidad38 entre nación y estado, o mediante la musealización sistemática y representando a todos los grupos dentro de ellos en una variedad de políticas hereditarias que parece notablemente uniforme a lo largo del mundo (Handler 1988; Herzfeld 1982; McQueen 1988).
Aquí los mediascapes nacionales e internacionales son explotados por naciones-estado para pacificar a los separatistas o incluso la potencial fisiparidad39 de todas las ideas de diferencias. Típicamente, las naciones-estado contemporáneas hacen esto al ejercitar el control taxonómico sobre la diferencia, creando varios tipos de espectáculo internacional para domesticar la diferencia, y seduciendo pequeños grupos con la fantasía de la auto-exhibición40 en algún tipo de escenario global o cosmopolita. Una nueva característica importante de las políticas culturales globales, atada a las relaciones disyuntivas entre los varios paisajes discutidos anteriormente, es que estado y nación están atacándose entre ellos, y el guión que los enlaza es ahora menos un ícono de coyuntura que un índice de disyunción. Esta relación disyuntiva entre nación y estado tiene dos niveles: al nivel de cualquier nación-estado dada, significa que hay una batalla de la imaginación, con estado y nación buscando canibalizarse entre ellos. Aquí está el semillero de los brutales separatismos- mayoritarismos que parecen haber aparecido de la nada y microidentidades que se han vuelto proyectos políticos dentro de la nación-estado. En otro nivel, esta relación disyuntiva está profundamente enredada con las disyunciones globales discutidas a lo largo de este capítulo: las ideas de nacionalidad parecen estar creciendo establemente en escala y cruzando regularmente límites estatales existentes, a veces, como con los kurdos, debido a identidades previas distribuidas a través de vastos espacios nacionales o, como con los Tamils en Sri Lanka, los hilos latentes de una diáspora transnacional han sido activados para encender las micropolíticas de la nación-estado.
Al discutir las políticas culturales que han subvertido el guión que enlaza la nación al estado, es especialmente importante no olvidar los amarres de tales políticas en las irregularidades que ahora caracterizan el capital desorganizado (Kotheri 1989c; Lash y Urry 1987). Debido a que el trabajo, las finanzas, y la tecnología están ahora tan ampliamente separadas, las volatilidades que subyacen a los movimientos para la nacionalidad (tan grandes como el Islam transnacional por un lado, o tan pequeños como el movimiento de los Gurkhas por un estado separado en el noreste de India) presionan contra las vulnerabilidades que caracterizan las relaciones entre estados. Los estados se encuentran a sí mismos presionados a mantenerse abiertos por las fuerzas de los medios de comunicación, la tecnología, y el viaje que han impulsado el consumismo a través del mundo y han incrementado el ansia, incluso en el mundo no-occidental, por nuevos bienes y espectáculos. Por otro lado, estas mismas ansias pueden quedar atrapadas en nuevos ethnoscapes, mediascapes, y eventualmente ideoscapes, tales como la democracia en China, que el estado no puede tolerar ya que amenaza con tener su propio control sobre las ideas de nacionalidad e identidad.
Los estados a través del mundo están bajo sitio, especialmente donde la competencia por los ideoscapes de la democracia son feroces y fundamentales y donde hay disyunciones radicales entre ideoscapes y technoscapes (como en el caso de países muy pequeños que no poseen tecnologías actuales de producción e información); o entre ideoscapes y financescapes (en países como México o Brasil, donde el crédito internacional influencia políticas nacionales en una gran magnitud); o entre ideoscapes y ethnoscapes (como en Beirut, donde las filiaciones diaspóricas, locales y translocales están en una batalla suicida); o entre ideoscapes y mediascapes (como en muchos países del Oriente Medio y Asia) donde los estilos de vida representados tanto en la televisión y el cine nacional e internacional completamente abruman y socavan la retórica de la política nacional. En el caso indio, el mito del héroe que rompe las leyes ha emergido para mediar esta lucha desnuda entre las piedades y realidades de las políticas indias, que han crecido cada vez más brutalizadas y corruptas (Vachani 1989).
Los estados a través del mundo están bajo sitio, especialmente donde la competencia por los ideoscapes de la democracia son feroces y fundamentales y donde hay disyunciones radicales entre ideoscapes y technoscapes (como en el caso de países muy pequeños que no poseen tecnologías actuales de producción e información); o entre ideoscapes y financescapes (en países como México o Brasil, donde el crédito internacional influencia políticas nacionales en una gran magnitud); o entre ideoscapes y ethnoscapes (como en Beirut, donde las filiaciones diaspóricas, locales y translocales están en una batalla suicida); o entre ideoscapes y mediascapes (como en muchos países del Oriente Medio y Asia) donde los estilos de vida representados tanto en la televisión y el cine nacional e internacional completamente abruman y socavan la retórica de la política nacional. En el caso indio, el mito del héroe que rompe las leyes ha emergido para mediar esta lucha desnuda entre las piedades y realidades de las políticas indias, que han crecido cada vez más brutalizadas y corruptas (Vachani 1989).
El movimiento transnacional de las artes marciales, particularmente a través de Asia, mediado por las industrias fílmicas de Hollywood y Hong Kong (Zarilli 1995) es una rica ilustración de las maneras en que las antiguas tradiciones de artes marciales, reformuladas para alcanzar las fantasías de las actuales (a veces lumpen) poblaciones jóvenes, crean nuevas culturas de masculinidad y violencia, que son a su turno el combustible para la creciente violencia en las políticas nacionales e internacionales. Tal violencia es a su turno el estímulo para un intercambio de armas cada vez más rápido y amoral que penetra el mundo entero. La dispersión global de la AK-47 y la Uzi, en películas, y seguridad corporativa y estatal, en el terror, y en la actividad policial y militar, es un recordatorio de que las uniformidades técnicas aparentemente simples a menudo esconden un crecientemente complejo conjunto de bucles, enlazando imágenes de violencia con aspiraciones para la comunidad en algún mundo imaginado.
Volviendo entonces a los ethnoscapes con los que comencé, la paradoja central de las políticas étnicas en el mundo de hoy es que lo primordial en gestación41 (ya sea de lenguaje o color de piel o barrio o parentesco) se ha vuelto globalizado. Eso es, los sentimientos, cuya fuerza más grande está en su habilidad para encender la intimidad hacia un estado político y convertir la localidad en una puesta en escena para la identidad, se han vuelto dispersos sobre espacios vastos e irregulares mientras los grupos se mueven pero sin embargo se mantienen conectados entre sí a través de capacidades de medios de comunicación sofisticados. Esto no significa negar que lo que está en gestación42 es a menudo el producto de tradiciones inventadas (Hobsbawm y Ranger 1983) o afiliaciones retrospectivas, sino enfatizar que debido a la interacción disyuntiva e inestable del comercio, los medios, las entidades políticas nacionales, y fantasías de consumidores, la etnicidad, alguna vez un genio en una botella de algún tipo de localidad (sin importar qué tan larga), se ha convertido ahora en una fuerza global, siempre deslizándose hacia dentro y a través de las grietas entre estados y fronteras.
Pero la relación entre los niveles culturales y económicos de este nuevo set de disyunciones globales no es una simple calle de una sola mano en la que los términos de las políticas culturales globales son establecidas completamente, o confinadas completamente dentro, de las vicisitudes de los flujos internacionales de tecnología, trabajo, y finanzas, demandando sólo una modesta modificación de los modelos Neo-marxistas existentes de desarrollo desigual y formación estatal. Hay un cambio más profundo, en sí mismo impulsado por las disyunciones entre todos los paisajes que he discutido y constituido por su interacción continuamente fluida e incierta, que afecta la relación entre producción y consumo en la economía global actual. Aquí, comienzo con la famosa visión de Marx (a menudo explotada) del fetichismo de la mercantilización y sugiero que este fetichismo ha sido reemplazado a lo largo del mundo (ahora viendo el mundo como un gran sistema interactivo, compuesto de muchos subsistemas complejos) por dos descendientes mutuamente solidarios, a los cuales llamaré fetichismo de producción y fetichismo del consumidor.
Por fetichismo de producción quiero decir la ilusión creada por los lugares43 de producción transnacionales contemporáneos que enmascara el capital translocal, los flujos de ganancias transnacionales, la administración global, y a menudo trabajadores remotos (involucrados en varios tipos de operaciones de alta tecnología de taller subcontratado44) en el idioma y espectáculo de control local (a veces incluso obrero), la productividad nacional, y la soberanía territorial. En la medida en que varios tipos de zonas de intercambio libre se han vuelto los modelos para la producción mayor, especialmente de mercancías de alta tecnología, la producción en sí misma se ha vuelto un fetiche, oscureciendo no sólo las relaciones sociales como tales sino las relaciones de producción, que son cada vez más transnacionales. La localidad (tanto en el sentido de la fábrica local o sitio de producción y en el sentido extendido de la nación-estado) se vuelve un fetiche que enmascara las fuerzas globalmente dispersas que actualmente impulsan el proceso de producción. Esto genera la alienación (en el sentido de Marx) intensificada dos veces, ya que su sentido social está ahora compuesto por una complicada dinámica espacial que es cada vez más global.
Por fetichismo del consumidor, quiero indicar aquí que el consumidor ha sido transformado a través de los flujos de mercadería (y los mediascapes, especialmente de publicidad, que los acompañan) en un signo45, tanto en el sentido de Baudrillard de un simulacro que sólo asintóticamente se acerca a la forma de un agente social real, y en el sentido de una máscara para las fuerzas de asiento reales que constituyen la producción. La publicidad global es la tecnología clave para la diseminación global de una plétora de ideas creativas y bien elegidas culturalmente de la agencia46 del consumidor. Estas imágenes de la agencia son distorsiones crecientes de un mundo de comercialización47 tan sutil que el consumidor es consistentemente llevado a pensar que él o ella es un actor, cuando de hecho él o ella es a lo sumo un selector.
La globalización de la cultura no es lo mismo que su homogeneización, pero la globalización involucra el uso de una variedad de instrumentos de homogeneización (armamento, técnicas publicitarias, hegemonías lingüísticas, y estilos de vestimenta) que son absorbidos hacia las economías políticas y culturales locales, sólo para ser repatriadas como diálogos heterogéneos de soberanía nacional, empresa libre, y fundamentalismo en el que el estado juega un rol cada vez más delicado: demasiada apertura a los flujos globales, y la nación-estado es amenazada por la revuelta, como en el síndrome de China; muy poco, y el estado sale del escenario internacional, como Burm a, Albania, y Corea del Norte han hecho de varias maneras. En general, el estado se ha vuelto el árbitro de esta repatriación de la diferencia (en la forma de bienes, signos48, lemas, y estilos) Pero esta repatriación o exportación de los diseños y bienes de la diferencia continuamente exacerban las políticas internas del mayoritarismo y la homogeneización, que es muy frecuentemente demostrado/ hecho realidad en los debates sobre la herencia.
Por consiguiente la característica central de la cultural global hoy es la política del esfuerzo mutuo de la similitud49 y la diferencia para canibalizarse el uno al otro y por lo tanto proclamar su exitoso secuestro de las ideas gemelas de la Ilustración de lo triunfante universal y lo resiliente particular. Esta mutua canibalización muestra su fea cara en las revueltas, los flujos de refugiados, la tortura patrocinada por el estado, y el etnocidio (con o sin apoyo del estado). Su lado más brillante es la expansión de muchos horizontes individuales de esperanza y fantasía, en la propagación global de la terapia de rehidratación oral y otros instrumentos de bienes de baja tecnología, en la susceptibilidad incluso de Sudáfrica hacia la fuerza de la opinión global, en la inhabilidad del estado polaco de reprimir a sus propias clases trabajadoras, y en el crecimiento de un amplio rango de alianzas progresivas transnacionales. Ejemplos de ambos tipos pueden ser multiplicados. El punto crítico es que ambos lados de la moneda del proceso cultural global hoy son productos de la competencia mutua infinitamente variada de similitud y diferencia en un escenario caracterizado por disyunciones radicales entre diferentes tipos de flujos globales y los paisajes inciertos creados en y a través de estas disyunciones.
El trabajo de la reproducción en la Era del Arte mecánico
He invertido los términos del título del famoso ensayo de Walter Benjamin (1969) para retornar esta discusión de bastante alto nivel a un nivel más manejable. Hay un problema humano clásico que no desaparecerá sin importar cuánto puedan cambiar los procesos culturales globales sus dinámicas, y este es el problema hoy típicamente discutido bajo la rúbrica de la reproducción (y al que tradicionalmente se refiere en términos de la transmisión de la cultura). En cualquier caso, la pregunta es, cómo grupos pequeños, especialmente familias, el loci50 clásico de la socialización, lidian con estas nuevas realidades globales mientras buscan reproducirse a sí mismos y, al hacerlo, por accidente reproducen ellos mismos formas culturales? En términos antropológicos tradicionales, esto podría ser formulado como el problema de la enculturación51 en un período de rápido cambio cultural. Así que el problema es difícilmente novedoso. Pero sí asume algunas dimensiones novedosas bajo las condiciones globales discutidas hasta ahora en este capítulo.
Primero, el tipo de estabilidad transgeneracional del conocimiento que fue presupuesto en la mayoría de las teorías de la enculturación (o, en términos un poco más amplios, de socialización) ya no pueden ser asumidas. Mientras las familias se mudan a nuevas locaciones, o mientras los niños se mudan antes que las viejas generaciones, o los hijos e hijas crecidos vuelven después de pasar tiempo en partes extrañas del mundo, las relaciones familiares pueden volverse volátiles; nuevos patrones de bienes son negociados, las deudas y obligaciones son re-calibradas, y los rumores y las fantasías sobre el nuevo entorno son maniobradas hacia repertorios existentes de conocimiento y práctica. A menudo, las diásporas de trabajo globales involucran inmensas presiones sobre los matrimonios y sobre las mujeres en particular, ya que los matrimonios se vuelven los puntos de encuentro de patrones históricos de socialización y nuevas ideas de comportamiento adecuado. Las generaciones fácilmente dividen, como las ideas sobre la propiedad, la formalidad52, y la obligación colectiva se marchita bajo el asedio de la distancia y el tiempo. Más importante aún, el trabajo de la reproducción cultural en nuevos entornos es profundamente complicado por las políticas de representar a una familia como normal (particularmente para los jóvenes) a los vecinos y pares en el nuevo emplazamiento. Todo esto, por supuesto, no es nuevo al estudio cultural de la inmigración.
Lo que es nuevo es que este es un mundo en el que tanto los puntos de partida como los puntos de llegada están en el flujo cultural, y por lo tanto la búsqueda de puntos estables de referencia, mientras elecciones de vida cruciales son hechas, puede ser muy difícil. Es en esta atmósfera que la invención de la tradición ( y de la etnicidad, el parentesco, y otros marcadores identitarios) pueden volverse resbaladizos, mientras la búsqueda de certezas es regularmente frustrada por la fluidez de la comunicación transnacional. Mientras los pasados grupales se convierten progresivamente en partes de museos, exhibiciones, y colecciones, tanto en espectáculos nacionales y transnacionales, la cultura se vuelve menos lo que Pierre Bourdieu hubiese llamado un habitus (un ámbito53 tácito de prácticas y disposiciones reproducibles) y más un ruedo para la elección consciente, la justificación y la representación, la última a menudo para audiencias múltiples espacialmente dislocadas.
La tarea de la reproducción cultural, incluso en sus ámbitos más íntimos, tal como las relaciones esposo-esposa y padre-hijo, se vuelve politizada y expuesta a los traumas de la desterritorialización mientras los miembros de la familia reúnen y negocian sus entendimientos y aspiraciones mutuos en arreglos espaciales a veces fracturados. A niveles más grandes, tales como la comunidad, el barrio, y el territorio, esta politización es a menudo el combustible emocional para políticas identitarias más explícitamente violentas, ya que estas políticas más amplias a veces penetran y encienden las políticas domésticas. Cuando, por ejemplo, dos hijos en un hogar dividido con su padre en el asunto clave de la identificación política en un ambiente transnacional, las normas locales preexistentes tienen poca fuerza. En consecuencia un hijo que se ha unido al grupo Hezbollah en Líbano quizás ya no se lleve bien con padres o hermanos que están afiliados con amal o alguna otra rama de la identidad política étnica de Shi’i en líbano. Las mujeres en particular soportan el peso de este tipo de fricción, ya que se vuelven títeres/instrumentos en las políticas hereditarias del hogar y son a menudo sujetas al abuso y la violencia de los hombres que están a su vez divididos54 por la relación entre herencia y oportunidad en formaciones espaciales políticas cambiantes.
Los dolores de la reproducción cultural en un mundo global disyuntivo no son, por supuesto, aliviados por los efectos del arte mecánico (o medios masivos), ya que estos medios proporcionan poderosos recursos para contra-nodos55 de identidad que la juventud puede proyectar contra los anhelos o deseos de los padres. En niveles mayores de organización, pueden haber muchas formas de políticas culturales dentro de las poblaciones desplazadas (ya sean de refugiados o inmigrantes voluntarios), de los cuales todos son inflexionados de formas importantes por los medios (y los mediascapes e ideoscapes que ofrecen). Un enlace central entre las fragilidades de la reproducción cultural y el rol de los medios masivos en el mundo de hoy son las políticas de género y violencia. Mientras las fantasías de violencia genderizada56 dominan las películas clase-B que cubren/envuelven el mundo, tanto reflejan como refinan la violencia genderizada en casa y en las calles, mientras los hombres jóvenes (en particular) son influenciados por las políticas machistas de la autoafirmación en contextos donde a ellos frecuentemente se les niega la agencia real, y las mujeres son forzadas a entrar a la fuerza laboral en nuevas maneras por un lado, y por otro a continuar el mantenimiento de la herencia familiar. En consecuencia el honor de las mujeres se vuelve no sólo una armazón de estables (e inhumanos) sistemas de reproducción cultural sino un nuevo ruedo para la formación de la identidad sexual y las políticas familiares, mientras hombres y mujeres enfrentan nuevas presiones en el trabajo y nuevas fantasías de ocio.
Debido a que tanto el trabajo como el ocio no han perdido ninguna de sus cualidades genderizadas en este nuevo orden global pero sí han adquirido más sutiles representaciones fetichizadas, el honor de las mujeres se convierte cada vez más en un sustituto para la identidad de comunidades enfrentadas de hombres, mientras sus mujeres en realidad tienen que negociar condiciones cada vez más duras de trabajo en casa y en el lugar no-doméstico. En resumen, las comunidades desterritorializadas y poblaciones desplazadas, sin importar cuánto puedan disfrutar los frutos de nuevos tipos de ganancias y nuevas disposiciones de capital y tecnología, tienen que representar los deseos y las fantasías de estos nuevos ethnoscapes, mientras luchan por reproducir la cultura de la familia como un microcosmos. Mientras las formas de las culturas crecen menos atadas y tácitas, más fluidas y politizadas, el trabajo de la reproducción cultural se vuelve un riesgo diario. Mucho más podría, y debería, ser dicho sobre el trabajo de la reproducción en una era del arte mecánico: la discusión anterior está pensada para indicar los contornos de los problemas que una nueva, globalmente informada teoría de la reproducción cultural tendrá que enfrentar.
Forma y Proceso en Formaciones Culturales Globales
Las deliberaciones de los argumentos que he realizado hasta ahora constituyen los factores básicos57 de un acercamiento a una teoría general de los procesos culturales globales. Enfocándose en las disyunciones, he empleado un conjunto de términos (ethnoscape, financescape, technoscape, mediascape e ideoscape) para enfatizar diferentes corrientes o flujos a lo largo de los cuales el material cultural pareciera estar moviéndose a través de límites nacionales. También he buscado ejemplificar las maneras en que estos varios flujos (o paisajes, desde las perspectivas estabilizantes de cualquier mundo imaginado dado) están en disyunción fundamental con respecto a las otras. ¿Qué paso adicional podemos dar hacia una teoría general de los procesos culturales globales basado en estas propuestas?
Lo primero es notar que nuestros mismos modelos de forma cultural tendrán que modificarse, mientras las configuraciones de gente, lugar, y herencia pierden toda apariencia de isomorfismo. Trabajos recientes en antropología han hecho mucho para liberarnos de las cadenas de las imágenes altamente localizadas, orientadas hacia los límites, holísticas y primordialistas de la forma y la sustancia cultural (Hannerz 1989; Marcus y Fischer 1986; Thornton 1988). Pero no mucho ha sido puesto en su lugar, excepto algunas mayores pero menos mecánicas versiones de estas imágenes, como en el trabajo de Eric Wolf sobre la relación de Europa con el resto del mundo (1982). Lo que me gustaría proponer es que comencemos a pensar la configuración de las formas culturales en el mundo de hoy como fundamentalmente fractales, eso es, sin poseer límites Euclideanos, estructuras o regularidades. En segundo lugar, Me gustaría sugerir que esas formas culturales, que deberíamos procurar representar como completamente fractales, están también superpuestas en formas que han sido discutidas sólo en las matemáticas puras (en la teoría de los conjuntos, por ejemplo) y en la biología (en el lenguaje de las clasificaciones politéticas58). En consecuencia necesitamos combinar una metáfora fractal para la forma de las culturas (en plural) con un recuento politético de sus superposiciones y semejanzas. Sin este último paso, permaneceremos inmersos en el trabajo comparativo que confía en la clara separación de las entidades para ser comparadas antes de que la comparación seria pueda comenzar. Cómo vamos a comparar formas culturales moldeadas fractalmente que están también politéticamente superpuestas en su cobertura del espacio terrestre?
Finalmente para que la teoría de las interacciones culturales globales predicadas sobre los flujos disyuntivos tenga una fuerza mayor a la de una metáfora mecánica, tendrá que cambiar hacia algo parecido a una versión humana de la teoría que algunos científicos están llamando la teoría del caos. Esto es, no necesitaremos preguntar cómo estas formas fractales complejas, superpuestas, constituyen un sistema simple y estable (incluso a gran escala), sino preguntar cuáles son sus dinámicas.
¿Por qué las rebeliones étnicas ocurren cuándo y dónde suceden? ¿Por qué los estados se debilitan a mayor ritmo en algunos lugares y tiempos más que en otros? ¿Por qué algunos países violan las convenciones de repago de deuda internacional con tanta menos preocupación que otros? ¿Cómo están los flujos internacionales de armamento llevando a cabo batallas étnicas y genocidios? ¿Por qué algunos estados están dejando el escenario global mientras otros están reclamando para entrar? ¿Por qué los eventos clave ocurren en un cierto punto en un cierto lugar en vez de otros? Estas son, por supuesto, las grandes preguntas tradicionales de la causalidad, la contingencia, y predicción en las ciencias humanas, pero en un mundo de flujos globales disyuntivos, es quizás importante comenzar a preguntarles de una manera que confíe en imágenes de flujos e incertidumbre, por lo tanto el caos, en vez de en viejas imágenes de orden, estabilidad y sistematicidad. De otra forma, habremos ido muy lejos hacia una teoría de los sistemas culturales globales pero descartado procesos en el trato. Y eso convertiría estas notas en parte de un viaje hacia el tipo de ilusión de orden que ya no podemos permitirnos imponer sobre un mundo que es tan transparentemente volátil.
Sean cuales sean las direcciones en las que podamos empujar estas macro-metáforas (fractales, clasificaciones politéticas, y caos), necesitamos hacerle otra pregunta anticuada al paradigma marxista: ¿hay alguna orden pre-dada a la relativa fuerza determinante de estos flujos culturales? Debido a que he postulado las dinámicas de los sistemas culturales globales como impulsados por las relaciones entre flujos de personas, tecnologías, finanzas, información e ideología, ¿podemos hablar de algún orden estructural causal enlazando estos flujos por analogía al rol del orden económico en una versión del paradigma marxista? ¿Podemos hablar de algunos de estos flujos como estando, por razones a priori estructurales o históricas, siempre antes de y siendo formativo de otros flujos? Mi propia hipótesis, que sólo puede ser tentativa en este punto, es que la relación de estos varios flujos entre sí mientras constelan en eventos particulares y formas sociales serán radicalmente dependientes del contexto. En consecuencia, mientras los flujos de trabajo y sus bucles con flujos de finanzas entre Kerala y el medio oriente pueden dar cuenta de la forma de los flujos mediáticos e ideoscapes en Kerala, lo contrario puede ser verdad de Silicon Valley en California, donde la intensa especialización en un sólo sector tecnológico (las computadoras) y los flujos particulares de capital bien podrían determinar profundamente la forma que los ethnoscapes, ideoscapes y mediascapes pueden tomar.
Esto no significa que la relación histórico-causal entre estos varios flujos es fortuita o insignificantemente contingente sino que nuestras actuales teorías del caos cultural están insuficientemente desarrolladas para ser incluso modelos parsimoniosos en este punto, mucho menos para ser teorías predictivas, los vellones dorados de un tipo de ciencia social. Lo que he buscado proveer en este capítulo es un vocabulario técnico razonablemente económico y un modelo rudimentario de los flujos disyuntivos, de lo que alg como un análisis global decente podría surgir. Sin algunos de esto análisis, será difícil construir lo que John Hinkson llama “una teoría social de la posmodernidad” que sea adecuadamente global (1990,84).
Notas:
1 Disjuncture: división, brecha, disparidad, disyunción, desfase, asimetría. En algunos textos académicos se encuentra como “dislocación”, debido a su sentido geográfico.
2 Ecumenes: término religioso, “movimiento que aboga por la unión de las distintas ramas de la iglesia”. En este caso, poblaciones sería la unión de distintos pueblos, naciones, etc.
3 Peoplehood: a) la cualidad o estado de constituir un grupo de personas; b) la consciencia de la unidad subyacente que hace al individuo parte de “la gente”, una comunidad.
4 Selfhood: lo que constituye el self, a uno mismo.
5 El capitalismo de impresión es una teoría subyacente al concepto de nación, como un grupo que forma una comunidad imaginada, que emerge con un lenguaje común y un discurso que es generado del uso de la prensa impresa, proliferado por un mercado capitalista. Los empresario capitalistas imprimían sus libros y medios en la lengua vernácula (en vez de lenguajes exclusivamente escritos, como el latín) para maximizar la circulación. Como resultado, los lectores que hablaban varios dialectos locales pudieron entenderse unos a otros, y un discurso común surgió. Anderson argumentó que las primeras naciones-estado europeas fueron por lo tanto formadas alrededor de sus “lenguajes impresos nacionales”.
6 Neighborliness: matizado como "buena" vecindad, pertenencia a una comunidad barrial amable, valores de barrio.
7 Motown Records, también conocida como Tamla-Motown, es una discográfica estadounidense especialmente dedicada a la música negra. Originalmente se fundó en Detroit (conocida como «Motor City», la ciudad del motor, de ahí Mot–, raíz de motor, y –town, que significa pueblo/ciudad), y desde entonces ha jugado un papel fundamental en la difusión de la música popular estadounidense, teniendo repercusión en la mayoría de los estilos actuales.
8 “Make-believe” implica que ellos simulan ser americanos, no que se les impone; "hechos/construidos a través de la creencia".
9 Chills: es lunfardo de los años 60, “calma, ocio, relajación”.
10 Reruns: puede ser re ediciones si está refiriendo de medios de comunicación.
11 Transmogrify: cambiar o alterar enormemente y a menudo con efectos grotescos o humorísticos.
12 Casting: también puede ser “emisión”.
13 “All this is par for the course”: frase verbal que además de lo traducido, implica desaprobación.
14 Unmoored: implica que está perdido, a la deriva.
15 Agencia: la capacidad, condición, o estado de actuar o de ejercer poder. En la filosofía, la capacidad que posee un agente (una persona u otra identidad) para actuar en un mundo. Se considera que la agencia pertenece a un agente aún si dicho agente representa un personaje ficticio o alguna otra entidad inexistente. La capacidad de actuar no implica en principio una dimensión moral específica en cuanto a la habilidad para elegir actuar, y por lo tanto la agencia moral es un concepto diferente.
16 “Brought to bear”: en el sentido de “influenciar”.
17 Subspeciate: término biológico, “sub-especiarse”, dividirse en sub especies.
18 “Become indigenized”: nótese el uso de la voz pasiva. La indigenización es el acto de volver algo más nativo; la transformación de algún servicio, idea, etc, para ajustarse a la cultura local, especialmente a través del uso de más gente indígena en la administración, el empleo, etc. El término es principalmente usado por antropólogos para describir qué sucede cuando los locales toman algo del afuera y lo vuelven propio (por ejemplo, africanización, americanización).
19 La balanza comercial es el registro de las importaciones y exportaciones de un país cualquiera durante un período y es uno de los componentes de la balanza de pagos. El saldo de la balanza comercial es la diferencia entre exportaciones e importaciones, es decir, entre el valor de los bienes que un país vende al exterior y el de los que compra a otros países.
20 El sufijo -scape se deriva de “landscape” lo que indica “paisaje, escenario, vista, formación, espacio específico”. Se dejan los conceptos originales tal cual los apuntó el autor. En algunos textos académicos se han traducido como paisajes étnicos, paisajes tecnológicos, paisajes financieros, paisajes mediáticos y paisajes ideológicos.
21 Locus: lugar, punto, sitio.
22 “Is shot through with”: literalmente, “está atravesado a repeticiones por”.
23 Laundered: literalmente “lavados”.
24 Aliens puede ser tanto extranjeros como extraterrestres.
25 Know-how —del inglés «saber cómo»— o conocimiento fundamental, es un neologismo anglosajón que hace referencia a una forma de transferencia de tecnología. Se ha empezado a utilizar habitualmente en los últimos tiempos en el ámbito del comercio internacional para denominar a los conocimientos preexistentes, no siempre académicos, que incluyen técnicas, información secreta, teorías e incluso datos privados —como clientes o proveedores—. El know-how tiene una directa relación con la experiencia, es decir la práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo.
26 Stock puede ser: acciones bancarias, ganado, mercancía, etc.
27 Megamonies: no figura en diccionario. "Una unidad falsa de dinero para describir qué tan tonta es una idea o un concepto”.
28 Accounts: también puede tener el matiz de “testimonio”.
29 Synopticon: puede ser que, si estaba en contacto con Mathiesen, Appadurai esté haciendo referencia a la obra de éste -ya que el término es igual- “La sociedad observadora: el ‘Panóptico’ de Michel Foucault revisitado” (1997). Mathiesen presentó el concepto de Synopticon o “vigilancia de los muchos por los pocos” como el recíproco sociológico del panóptico de Foucault.
30 Hooliganism: es un comportamiento disruptivo e ilegal tal como el amotinamiento, el acoso y el vandalismo. El término se asoció a los deportes, y hoy en día “hooligan” puede ser pensado como nuestro “barrabrava”.
31 Rough: “en bruto”, sin pulir.
32 El término “nonisomórfico” significa “que no tiene la misma forma” y es usado en muchas ramas de las matemáticas para identificar objetos matemáticos que son estructuralmente distintos. Los objetos que tienen la misma forma estructural son nombrados como isomórficos.
33 Sheer puede ser simple, mero, escarpado, pero en matemática se utiliza como “en vertical”.
34 “At home” puede ser tanto en la casa como en el país de origen.
35 Tiene sentido legal: promulgación, entrada en vigor o en la ley.
36 Loop: rizo, lazo, circuito, nudo.
37 Nationhood: el estado o cualidad de tener condición de nación separada e independiente.
38 Coevality: propiedad de ser de la misma o igual edad, antigüedad o duración.
39 Fissiparousness: modo de reproducción asexual mediante división simple de una célula o de un organismo animal o vegetal.
40 Self-display: exhibicionismo indecente.
41 Primordia: la primer etapa reconocible, histológicamente diferenciada en el desarrollo de un órgano.
42 Idem nota 23.
43 Loci: plural de locus, lugar, sitio, foco.
44 Sistema putting-out: sistema de taller de trabajo o simplemente taller de trabajo son expresiones inglesas utilizadas habitualmente en economía e historiografía para referirse a un método productivo y organización del trabajo industrial donde la producción se efectuaba de forma dispersa en cada uno de los domicilios de los trabajadores, la mayor parte de las veces a tiempo parcial, alternándolo con el trabajo agrícola.
45 Sign: tiene el doble sentido de “cartel publicitario”
46 Ver nota anterior.
47 Puede ser también mercadotecnia.
48 Signs también puede indicar carteles o publicidades.
49 Sameness: indica la propiedad de la monotonía, la uniformidad, la invariabilidad.
50 Otra vez, lugar, sitio, foco.
51 La endoculturación o enculturación, es una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente, a través de la cual la generación de más edad invita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y comportarse tradicionales. Cada generación es programada no sólo para replicar la conducta de la generación anterior, sino también para premiar la conducta que se adecue a las pautas de su propia experiencia de endoculturación y castigar, o al menos no premiar, la conducta que se desvía de estas.
52 Propriety: lo apropiado, el decoro, las buenas costumbres, la decencia.
53 Usa la palabra “realm”, que literalmente es “reino”, puede ser campo, mundo, esfera, universo. Desconozco si en este caso es un término propio de Bourdieu.
54 Torn: en el sentido de “desgarrados”.
55 Counternodes: término matemático. También podría ser traducido como “contra-nudos”. Un nodo es “un lugar donde las líneas de una red se cruzan o juntan/ una parte de una red de computadoras donde los mensajes pueden ser recibidos o enviados.”
56 Consciente de que “genderizado” no existe para la RAE, opto por esta castellanización que indica en este caso “de género”, es decir hacia otrxs géneros que no son el masculino.
57 Literalmente, “huesos desnudos”.
58 Politéticas: Que se refiere a o que comparte un número de características que ocurren comúnmente en miembros de un grupo o clase, pero ninguna de las cuales es esencial para ser miembro de ese grupo o clase.
Traducción libre de María de la Paz Díaz